Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




mayo 31, 2016

La cosa.





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Moisés bajó de la montaña en donde se encontró con Dios y recibió en tablas de piedra que llevó, lo que ordenaba. Lo primero era una muestra de egoísmo divino: Amarás a Dios sobre todas las cosas. Así, de una, sin explicar por qué, sin nada a cambio a no ser el temor de su ira y su venganza y un pacto territorial con condiciones: “Observa lo que te mando hoy: he aquí, yo echo de delante de ti al amorreo, al cananeo, al hitita, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Cuídate de no hacer pacto con los habitantes de la tierra adónde vas, no sea que esto se convierta en tropezadero en medio de ti; sino que derribaréis sus altares y quebraréis sus pilares sagrados y cortaréis sus Aseras (pues no adorarás a ningún otro dios, ya que el Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso) no sea que hagas pacto con los habitantes de aquella tierra, y cuando se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, alguien te invite y comas de su sacrificio; y tomes de sus hijas para tus hijos, y ellas se prostituyan con sus dioses, y hagan que también tus hijos se prostituyan con los dioses de ellas. No te harás dioses de fundición."
No te apagues hoy. Escribe, o mejor, pule algo que hayas escrito. Cambia una palabra, quítale adjetivos. El botón de apagado nos quedó faltando, pero si llegas a descubrirlo, por favor, dime el secreto. Si tienes a quien decir "te amo" sorpréndelo con ello. A mí ni siquiera esta opción me queda. Quien al menos me responde me dice: te di una oportunidad y la desperdiciaste ¿de qué te quejas? ¿qué reclamas?

De aquello ha de provenir el amor (buscaré a partir de ahora un sustituto para esa palabra) como una concesión celosa, como una oportunidad, como un objeto. Siendo así no existe tal cosa. No se tiene la oportunidad que se nos concedió sino que se la ejerce primariamente, aleatoriamente, circunstancialmente. El encuentro que se da, se da por que se da.  La cosa ni se la pide ni se la reclama: ocurre. No podemos negamos después como no se niega la existencia del rayo porque pasa. Pues deja un rastro de luz, un ruido, un silencio, una tormenta y un rastro allí donde cayó.

Desaparecida la cosa hay que dar por inexistente el sujeto. Es esto lo que no se aprende. Lo que no se aprehende. Aún. Hurgamos. Y, contra el mandato, hacemos de la cosa un dios de fundición.

Insensatez propia. El otro en realidad no existe. No es su culpa ni la propia.


Hay una sola magia, y es tu cuerpo. Pero esto, apenas intuido, es rechazado por pecaminoso. Aunque es lo que nos hace pertenecer, es decir pertene-ser-nos.

-¿Entonces todo es una gran ilusión? ¿Una gran farsa?

-"Menos tu vientre...
Polvo sin mundo."





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