Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




julio 21, 2016

Paradoja



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Una paradoja que salta a la vista al andar por la ciudad y pasar por los sitios que atienden la salud, un garaje casa de por medio, es lo aliviados que tienen que estar los enfermos. Porque esas colas, esas aglomeraciones, esas esperas sentados o parados en los andenes al sol y al agua, son para gente que esté muy saludable. ¿Será que esas multitudes solo están allí por mamar gallo?

Entre mi casa y el trabajo encuento: un sitio que atiende no se que casos, y permanece tranquilo -debe pagar un arrendamiento enorme, obviamente con los rque cursos de la salud. Frente a él una clínica que clausuran un mes y abren otro, de puertas cerradas y ventanas tapadas, sórdido como película de terror.

Unos pasos después, en un garaje oscuro, atienden diariamente cientos de personas. Al parecer es la población más pobre que hace cola desde las cinco de la mañana. A la intemperie y con paciencia franciscana, ancianos campesinos, hombres humildes, mujeres con niños en sus brazos, traen alguna cosa que comer y con frecuencia se arriman a pedir con qué completar su pasaje de regreso.

Dos pasos más arriba la casa vacía que ocupaba una entidad ahora en quiebra y, entre los dos lugares,  los pisos desocupados por otra entidad de salud en proceso de quebrar.

Unos metros más allá está el centro de atención de otra, una gran fila de computadores y al frente las personas esperando sus turnos aquí si con comodidad aunque muchas veces están también en la calle. Aquí se advierte una mejor condición económica de los usuarios y de la entidad.

Si me desplazara por las cuadras aledañas podría seguir describiendo -ayer al pasar frente a una era sencillamente una manifestaciòn de desesperados-. Mejor dejar así.


Al llegar a mi edificio, en una oficina completamente inapropiada para ello, opera algo llamado la junta calificadora de incapacidades para solicitudes de pensión por esa razón. Aquí tienen que llegar las personas con su condición, esperar, exhibir su llaga, y tomar el ascensor cuando les place atenderlos. Cómo son incapacitados, ya puede imaginarse que no pueden estar solos.

Lo que afirmo pues con ironía de que para sanos los enfermos que tienen que aguantar tales condiciones, es plenamente válido.


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