Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




septiembre 19, 2016

Notas para un texto que no verá la luz.





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


—Otras personas no son como yo, concluyó. De hecho, siete mil millones de ellas son diferentes. Todas mejores. Al menos una debe ser la quintaesencia de la perfección que se acomoda a otra de igual característica a la suya. Soy la anomalía, el individuo más despreciable de la tierra. Tan despreciable que ni sé cómo matarme, que es lo que debería hacer para que el mundo se libre de la única porquería que hay en él. Si yo mismo me percibo así ¿cómo no van a hacerlo los demás? ¿Decir lo siento? ¿Por qué? ¿Si no me cree a mí mismo, si nadie me creó en realidad?. ‘Yo’ resultó de la unión de elementos químicos o materiales biológicos -en otras circunstancias desechados- que mezclados hacen algo terroríficamente impredecible. No hace falta que nadie diga cuán despreciable soy. Yo lo sabe. Hasta mi madre vaciló. Quién sabe la reencarnación de qué o quién soy. De algo muy malo, eso sí. De lo más malo que ha parido el universo. Al caer en cuenta de ello, debe hacerse a un lado, huir de mi quien se percate.
—Hoy caminó por el parque donde una vez pusieron el mantel de cuadros, los platos, el arroz y una gaseosa y comieron entre sonrisas, bajo la oscuridad y el frío. No importó que su teléfono sonara y respondiera "hola amor". No importó porque sabía, quería saber, que su amor no estaba al otro lado de la línea sino al otro lado de la mesa. Escog el camino de entender lo humano. De extenderlo. Cerca de su casa se despidieron con una mirada iluminada. En su mente, no obstante, en realidad era su alternativa. De manera comprensible lo había hecho a un lado hacía tiempo. Amaba el concepto que odiaba.Te amo, le escribió, pero no formaba parte de su corazón en el que solo cabía el esquema determinado, lo correcto o ventajoso, lo aparente. Pasados los días está bloqueado en sus contactos y en su mente. Está notificado de no acercarse ni cruzar en forma alguna su camino. A manera de venganza, o por vergüenza, hizo otro tanto. Pero dejó abierta una ventana que le muestra su mano tomada de la mano de aquello a quien responde "hola amor". De tantos nombres que tiene, en realidad no tiene nombre.

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