Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




noviembre 05, 2016

Tarde



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Los bienes más amados de mi padre, esas cosas personales que nos da por conservar -una bola de cristal, unas conchas, un objeto cualquiera sin valor para otros- reposaban siempre en una caja de metal de esas en que antes venían galletas o no recuerdo bien qué cosas. Su cajita del tesoro era una de color café, con bisagras y cierre dorado, cuyos dibujos se me escapan, de forma rectangular, relativamente pequeña. No tenía llave, estaba ahí en su armario se puede decir que a la disposición de la curiosidad de sus numerosos hijos. Bueno, no sé si mis hermanos llegaron a hurgar en ella. Yo lo hacía cada tanto quizás porque esperaba que apareciera algo nuevo. No había mucho allí. Una afeitadora eléctrica de color blanco que había recibido de su hermano el Monseñor, las últimas barbas del mismo que recuperaría de su limpieza y guardó en un pequeño recipiente de plástico transparente, una llave que no sé qué puerta abriría y el enorme, el gigantesco vacío que llenaba el resto. No sé íntimamente que sentía mi padre; no sé en qué pensaba cuando al atardecer, aspiraba su piel roja en la parte alta de las escaleras o en la ventana que miraba a la montaña. Yo creo que él, entre sus lecturas y sus silencios era un ser profundamente solitario. Fijaba su vista en las montañas, quieto, callado. Tal vez de él heredé amar la lluvia, las nubes, las tormentas, allí en ese pueblo perdido en una cordillera, un lugar imposible, verde y blanco, atractivo para quienes lo hicieron solamente por sus aguas.

La neblina viene y va. No sé si lo mío cabe también en una caja muy pequeña.  Soy menos ordenado. Se va haciendo tarde.

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