Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




abril 23, 2017

Desolaciones





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



En el tiempo que me queda por vivir
¿qué podrá ocurrirme todavía?
¿Chi lo sa?
Nazim Hikmet


Al impulso del viento como las plantas, una semilla de esas que germinan pronto cae en tierra dispuesta. No se la recoge, se la deja. Y pasa. Echa raíces, surgen hojas brillantes, reflejos de sol y luna. Estrellas en forma de besos que tocan el cielo. Un Instante. Instantes. Todo es auspicioso; cada tirón hace más bello el resultado. Así el amor. Pero en ese primer resuello el soplo divino se desplaza. Con él estallan también sus contenidos hasta no ser otra cosa que la rama más débil de un tronco hecho de miedo, de posesión, de reclamos, de cadenas, de tristezas que forman ese algo definitivo, real y si vital por sí mismo: el odio. El odio, oscuro, soterrado, horrible. Este si un sentimiento total, perdurable, definitivo; racional pues el amor no lo es. Aquella pequeña rama perdida en la fronda numerosa de circo y circunstancias, se niega al todo, reverdece tímida y persistente pero ha nacido condenada. El odio se expresa fácil, desbocado, dotado de fuerza y de impulso que aporta la ira,  que aporta él mismo. Caudaloso. Persistente. Incurable. Eterno, las lluvias abundantes y las tormentas riegan el odio; las lágrimas escondidas el amor desesperado y siempre lánguido, siempre compulsivo, apremiado, condenado.

¿Qué podrá ocurrirme todavía? Quién sabe.

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