Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
No me duele que hayan puesto preso a Lula. Me duele que Lula haya hecho que lo pongan preso.
Como ciudadano del mundo me ofendo con la instrumentalización de la corrupción como herramienta política. Un corrupto es un corrupto y punto. Si a un político de izquierda un juez lo manda a la cárcel, es porque está comprado por la derecha; si manda a uno de la derecha es porque es comunista. Pero ninguno acepta que lo están apresando por corrupto, aunque las pruebas lo avasallen. Todos son santos. La corrupción, que se extiende de arriba a abajo, es además un mecanismo que capta también las mentes. La corrupción debe ser no solo perseguida judicial o jurídicamente sino que socialmente no debería haber lugar para uno que se roba desde el dinero de los restaurantes escolares, hasta las fábricas de petroquímicos pasando por el dinero para tratar los hemofílicos y cuanta cosa se cruce en su camino. Así sea una hoja de papel o una tiza. América Latina, de México a la patagonia sin excepción, es corrupta en todos los niveles. También es corrupta España y Rusia y... Si el corrupto pertenece a mi sesgo ideológico ¡peor! Tengo aún menos razones por qué justificarlo. Por eso los corruptos lo primero que intentan es hacerse al poder judicial, lo cercan con corruptelas, con halagos, con poderes extraños y no escapa: Magistrados de la Corte Constitucional venden tutelas, de la Corte Suprema de Justicia engavetan casos. Lo de Venezuela es absurdo. Lo de aquí ni se diga: el segundo de la fiscalia preso por comprar y por vender, por desarrollar un cartel de togados. El Congreso, todos los congresos, se venden porque son comprados. En ciertos paises los corruptos pasan del despacho a la horca, expeditamente. Pero también los opositores. Ningún corrupto, en ninguna parte, bajo ninguna circunstancia. Amigo o no. Corrupto es uno que compra pobres con basura y ricos con préstamos tramposos. Es uno que se vende como demócrata pero no acepta las reglas que los demás tienen que aceptar. Que inventa noticias falsas y luego se arrepiente como si nada. El motor del poder es la corrupción. ¿Quién tira la primera piedra? Además de la macrocorrupción existe la microcorrupción en la que participamos abiertamente: tramando como no pagar una multa de tráfico, como pagar menos en un servicio, robando luz o agua, metiendo papeles falsos en las universidades públicas para que la matrícula valga menos y miles de formas más. Tenaz esa corrupción disfrazada de malicia indígena, de viveza, de porque si otros lo hacen por qué no yo.
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