1.1.26
Poema para una casa de tablas paradas.
Para Olga Lucia
La casa entonces no pesaba
No tenía la consistencia del concreto,
pero sí el abrigo y el hogar.
Las puertas, siempre abiertas,
de día y de noche,
eran parientes del espacio.
Las ventanas sin vidrio
protegían de la vista o del sol
con una tela que flotaba,
respirando con la brisa,
y soñaba.
Las tablas paradas sostenían más que el techo:
sostenían el tiempo,
el olor del café,
el silencio del amor
que se escondía.
-los padres, entonces, no se amaban.
Procreaban.
No pesaba.
Su estructura era básica,
pero estaba llena.
Llena de mundo,
de niños que correteaban
por corredores que temblaban a su paso.
De milagros que nadie nota ya.

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