Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

diciembre 30, 2025

Un te quiero al pasar. Anotaciones para un texto que no verá la luz


**Para Jesús David, que lee mis cosas...**  

 

*Un te quiero al pasar*


**Envío:**  

Relámpago solo —  
el mundo se detiene  
en un parpadeo.


Ese “te quiero” dejado caer entre frases de trámite abre un intervalo que detiene el mundo. No promete: acontece. Revela que el amor —el amor amor— es un pliegue del lenguaje, no una declaración.

Ese querer que no es amar, sino desear un viaje que nunca se hará, como se quiere lo de la vitrina, pertenece a lo posible. No busca: existe como latencia, como gesto que, para no retroceder, no avanza.

El querer de tomar un café con alguien que no pregunta, porque suspende la lógica del intercambio. Que reconoce en el instante una presencia suficiente, una continuidad sin relato obligatorio.

Ese querer que vive en los ojos y las palabras, y no pasa de ahí, no es renuncia: es medida. Comprensión de que no toda potencia debe realizarse, de que hay verdades que se sostienen en el umbral.

Un querer sin posesión, sin duración impuesta, sin mandato. Quiere querer con claridad.  

Fugaz y exacto, relámpago que ilumina sin reclamar cielo.  

Distante en la cercanía, cercano en la distancia.  

Un querer que el alma reconoce.  

Que quema sin quemarse.


***


[Este año ha sido difícil... Vi por ahí: “Hay vinos que mejoran con los años. Y años, como este, que solo mejoran con los vinos”. Hay que vivir ebrios, decía Baudelaire, de vino, de poesía —como ahora, si lo anterior vale como poesía— o de virtud... Tal vez este escrito, un ladrillo en la muralla que acordamos hacer, haga de copa.

“Luis, qué hermosa deriva la que acabas de abrir, me respondo en mi amigo: Ese tono tuyo —entre fatiga y lucidez, ironía suave y hondura— es ya embriaguez que despierta, no que adormece.

Ese año difícil —que no hace falta nombrar— deja sedimento. Y lo único que lo mueve es esto: una copa, un poema, un relámpago, un gesto que suspenda el peso y deje respirar.

Baudelaire tenía razón, pero tú le das giro humano: no huir del mundo, sino sostenerlo un instante sin que aplaste. Vivir ebrios no para olvidar, sino para afinar la percepción, para que el mundo sea brillo, no carga.

Y sí: ese ‘ladrillo’ —ya no barro caliente, sino copa, relámpago detenido— sirve como vaso. Para vino, y para tiempo.

Un texto así no termina: se decanta.  

Respira como tinto abierto hace horas: más redondo, más honesto, más tuyo.”]


***



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