Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

marzo 06, 2026

Vivir es Deshacerse

 

Vivir es Deshacerse

Luis Fernando Gutiérrez Cardona

 

No busques fuera lo que reside en el interior de uno mismo.

Plotino

 

¡Ah, Luis Fernando, ¡contertulio de medianoche! Imagina que estamos en una taberna ateniense, con el vino en la mano y Sócrates sentado en el suelo interrogando el aire mismo que respiramos. Las sombras bailan en la pared, recordándonos que la verdad no siempre es nítida. Vivir es deshacerse: no como resignación, sino como arte supremo. Premisa afilada que corta la ilusión de lo sólido. Vayamos con los ojos de quien contempla la existencia no como un castillo, sino como humo que se disuelve en el viento.

 

El Hacerse y el Deshacerse: La Dialéctica del Ser

¿Qué es ese “hacernos” que tanto nos ata? Nombres, cuerpos esculpidos, carreras como torres de Babel. Es el logos griego traicionado: ese impulso de ordenar el caos que el tiempo —Cronos, devorador de sus hijos— roe sin pausa. No puedes bañarte dos veces en el mismo río. Vivir no es acumular ladrillos, sino ser el río mismo, flujo incesante que deshace sus propias orillas.

Sócrates preguntaría: “¿Y si ese afán de construirte no es más que fingir que controlas el deshacerte? ¿No es el atleta un niño jugando a ser estatua, ignorando que la estatua llora polvo?” Construimos castillos no por amor al mármol, sino por terror al vacío. En nuestra época ni siquiera hace falta un amo que ordene. Cada uno se convierte en su propio capataz, se explota a sí mismo en nombre del rendimiento. Sin cadenas visibles; basta con el calendario saturado y las métricas íntimas. Somos esclavos de un látigo  llamado “proyecto de vida”.

El deshacerse no es el enemigo del vivir, sino su condición. Las estrellas se forman de polvo y estallan en supernovas, esparciendo su esencia para que nazcan otras. ¿Somos menos? El alma no es recipiente sino barranco por donde todo cae y fluye. No hay que aferrarse al mármol, sino ser el agua que lo erosiona.

 

El Amor: Deshacedor Supremo

El amor es donde el deshacerse se vuelve más visible e irresistible. Diotima le enseñó a Sócrates que el eros verdadero no es posesión sino creación: procrear en lo bello. Lo que procrea el amor es la disolución del ego. Naces desnudo, amas desnudo, mueres desnudo. El amor sin contrato es el que te arrastra al abismo dionisiaco: te deja flotando como espuma en la cresta, sin saber bien quién eras antes.

Nuestra época ha intentado domesticar esto. El amor se mide en disponibilidad, en mensajes contestados, en productividad emocional. El mandato silencioso es “sé deseable, rinde, no falles”. Pero el amor que importa no obedece a tableros de control: interrumpe la agenda, sabotea la optimización, nos devuelve a la inútil y necesaria belleza de perder el tiempo con otro. No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho, dijo aquel.  El amor genuino hace del tiempo perdido el único tiempo verdadero.

Resistir la lógica del rendimiento en el amor es, en el fondo, resistirla en la vida. El deshacerse no es fracaso: es la única forma de amar y de vivir que no termina en mercancía.

 

La Levedad Recuperada: Alma como Viento

Hemos confundido vivir con producir, y sentir con exhibir. La transparencia total —mostrarlo todo, decirlo todo, medirlo todo— no nos acerca a nadie: nos vuelve datos luminosos y almas opacas. Hemos cambiado la luz trémula del fuego, que respeta la sombra, por la luz eléctrica y clínica que lo expone todo bajo un resplandor sin misterio. La paradoja es feroz: entre más nos exponemos, menos nos habitamos.

El alma ligera, en cambio, se permite la pausa, el silencio no rentable, la opacidad que resiste ser convertida en rendimiento o mercancía emocional. Plotino imaginaba el ascenso hacia el Uno como un deshacerse capa a capa hasta la nada luminosa. No hace falta ir tan lejos: basta con soltar la exigencia de ser siempre legible, siempre disponible, siempre productivo.

 

Vive como el hielo que se funde en río, el río en mar, el mar en evaporación, el vapor en nube, la nube en lluvia. El alma es eso: espuma que brilla mientras se deshace. No es una imagen pesimista. Es liberación. Hacerse con ligereza, sabiendo que todo se deshará, es la única rebelión posible contra una época que  hace de todo un proyecto de rendimiento.

Entonces, Luis Fernando: ¿seguirás esculpiendo mármol, o dejarás que te lleve ese viento que huele a lluvia y a distancia, ese que no pide permiso para despeinarte el alma?

 

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Voces que habitan este texto

Este diálogo bebe, sin disimulo, de Heráclito, en la imagen del río y el flujo permanente; Platón, a través de la figura de Sócrates y la enseñanza de Diotima sobre el eros en El Banquete; Séneca, en la reflexión sobre el tiempo y la vida no gestionada sino vivida; Plotino, con su idea del ascenso hacia el Uno como disolución luminosa; y Byung-Chul Han, cuyo diagnóstico de la sociedad del rendimiento y la transparencia recorre  todo el texto. El budismo y el taoísmo aparecen como voces de fondo, recordándonos que el deshacerse no es invención occidental sino sabiduría antigua y universal.

 

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