18 de Agosto entre Víznar y Alfacar
Luis Fernando Gutiérrez Cardona
Hace noventa años mataron a Federico unos lambones. No eran la gran ideología ni la alta política: eran vecinos del pueblo, falangistas de turno, gente de Acción Popular.
Hombres de sombra corta, mandaderos del odio, ansiosos por complacer al amo de la hora.
“Por rojo y por marica” lo mataron. Bastó que un cacique pronunciara la sentencia en la Granada de 1936 para que la servidumbre saliera a cumplir la tarea.
Noventa años sin una flor sobre su tierra. Noventa años buscando la firma que ordenó el espanto. Noventa años: la herida fresca, abierta al aire.
“Sin ataúd en las ruedas, la muerte puso huevos en la herida”, escribió, sin saber que trazaba su propio mapa en la madrugada de Víznar a Alfacar, donde quisieron borrarle hasta el nombre de la tierra.
Y cuando dicen “nadie sabe”, mienten: el silencio tiene dueños.
Alguien lo supo esa noche. El cura que calló, el jefe de la policía, el hombre que llevaba la lista en la penumbra, el vecino que miró y siguió el camino.
Lo supieron y se guardaron el secreto: en el fondo —y a plena luz de la conciencia— todos estaban de acuerdo.
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