Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




mayo 08, 2006

Las Emociones Aflictivas




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Un cuadro depresivo me llevó a la consulta con el médico psiquiatra hace alguno tiempo. Soy conciente, desde niño, de una cierta proclividad a la depresión –lo que llamo ir al hueco profundo-. Saberlo me ha permitido manejarlo solo. O eso creo. Pero me sentí incapaz en algún momento y busqué ayuda.

El doctor preguntó lo obvio y le dije entre las respuestas una frase de Margarita Yourcenar en Memorias de Adriano: “He llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada”.

Le dije además, mal dicho, el poema Murallas, de Constantino Cavafis.

Sin consideración, sin piedad, sin recato grandes y altas murallas en torno mío construyeron. Y ahora estoy aquí y me desespero. Otra cosa no pienso: mi espíritu devora este destino; porque afuera muchas cosas tenia yo que hacer. ¡Ah! cuando los muros construían cómo no estuve atento. Pero nunca escuché ruido ni rumor de constructores. Imperceptiblemente fuera del mundo me encerraron.

El doctor, condescendiente, replicó con unos versos del poema Ítaca del mismo autor. Los que dicen:

… no temas a los lestrigones ni a los cíclopes,ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no lo llevas dentro de tu alma, si no los yergue tú alma ante ti.

Surgió una empatía personal que permitió avanzar con rapidez. Escogió una droga que debía tomar, acepté hacerlo con pereza pero por algo había ido allí, y regresé puntualmente a las citas en que la conversación más o menos se deslizó por los mismos carriles. No le echamos la culpa a mi madre ni a mi padre, ni al yo ni al super yo, ni hablamos de traumas, ni de sexo, ni intentamos curas de existencia.

Me encontré en los mismos días, cosas de la causalidad, un libro de S. S. El Dalai Lama que se llama El Arte de Vivir en el Nuevo Milenio. Hay allí densas consideraciones sobre las emociones aflictivas, que son en general esos pensamientos, emociones y acontecimientos mentales que reflejan un estado anímico negativo o no compasivo, que socavan de manera inevitable nuestra experiencia de la paz interior. Nyong mong, en tibetano, que significa literalmente "lo que nos aflige por dentro". Tomo de ese libro algunos elementos:

• Los pensamientos y las emociones negativas son lo que de hecho obstruye nuestra más elemental aspiración de ser felices y de evitar el sufrimiento.

• Entre las causas reales de las emociones negativas se pueden mencionar el hábito que todos tenemos de pensar en nosotros mismos antes que en los demás y la tendencia a proyectar ciertas características en las cosas y los acontecimientos por encima y más allá de lo que realmente son, como en el ejemplo en que se confunde una cuerda enrollada con una serpiente.

• Nuestros pensamientos y emociones negativas no existen independientemente de otros fenómenos. Hay que prestar estrecha atención a nuestro cuerpo y a sus actos, a nuestra habla y a lo que decimos, a nuestros corazones y mentes, a lo que pensamos y sentimos. Debemos estar atentos a captar al vuelo la más leve negatividad (dado que) los pensamientos y las emociones negativas no solo destruyen nuestra experiencia de la paz, sino que también deterioran nuestra salud.

• La ira es una de las fuentes principales de muchas enfermedades.

• Las emociones aflictivas nos animan a suponer que las apariencias se corresponden invariablemente con la realidad y son del todo inservibles: cuanto más cedamos a su empuje menos espacio tendremos para desarrollar nuestras cualidades positivas y menos capaces seremos de resolver nuestros problemas.

• Cuanto más enojados estemos, más nos rechazaran los demás.

• Cuando más suspicaces seamos, más alejados de los demás nos veremos y por tanto más solos.

El médico vio la cosa clara al traer los versos que trajo: no hay seres tales como cíclopes ni lestrigones y al salvaje Poseidón no encontraremos si no lo llevamos dentro de nuestra alma, si no los yergue el alma ante nosotros.

Esos pensamientos aflictivos no son otra cosa que la manera como se nos presentan supuestos hechos y circunstancias que nos causan pena y enfermedad, pero que en realidad no existen. Más perjudiciales aun cuando no solo los sentimos sino que los expresamos convirtiendo en víctimas adicionales de ellos a quien escucha las palabras o a quien van dirigidas porque siempre van cargadas desapaciblemente.

En el asumido de que el cuerpo es químico y físico, las drogas habrán hecho su parte aunque cortamos con ellas prontamente. 

Después de unas semanas las aguas regresaron a sus cauces.

Se puede concebir, han dicho, la naturaleza de la mente como si fuese un lago: cuando una tormenta lo agita el barro del fondo satura sus aguas, las emborrona y hacen que parezcan opacas. Pasada la tormenta el barro se sedimenta y el agua vuelve a ser limpia y clara.

El lago está ahí y las tormentas agitan el barro de su fondo cada tanto. He aprendido que al mundo en realidad le importo nada, que el universo ni vive ni muere por mí,  que el sol se ocultará y saldrá de nuevo, que aunque el ladrón se lleve todo, ahí quedará la luna colgada en la ventana. Que prácticamente no hay nada en el universo que me requiera y que la felicidad no se encuentra en ninguna parte, fuera del si mismo, ahora entendido como el si mismo mismo. Y que no existe sino un tiempo: ahora.

Y recuerdo: “Ten presente el ejemplo de una vaca vieja, que se da por satisfecha en un cobertizo. Tienes que comer, dormir y cagar, eso es inevitable, lo demás no es asunto tuyo".

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