Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




septiembre 26, 2009

Desolación Intencionada







Luis Fernando Gutiérrez-Cardona






"Si mis amigos no son una legión de ángeles clandestinos
Qué será de mí?"
—Raul Gòmez Jattin

"Borracho a solas
Cómo canta el hitaki
—Santoka




Terminamos preguntándonos alguna vez por qué, aunque se sea uno de esos que no lo hace con frecuencia, que no intenta descubrir el sentido de la vida porque sabe que la vida no tiene sentido, ni el del universo porque sabe que el universo no tiene que tener ninguno.

El camino está lleno de personas que pasan por el lado sin que se las advierta y sin que nos adviertan. Las miradas coinciden, de pronto, y se inicia un diálogo sin palabras que pocas veces supera las dificultades de la aproximación y las trascienden. Herramientas actuales abren posibilidades nuevas. El espacio para coincidir se ha ampliado y la necesidad del contacto físico desaparecido como elemento básico de la relación humana. Hay mayor espacio al encuentro de poca o ninguna duración, y también al intercambio duradero que puede involucrar pensamientos, palabras, sentimientos. Emociones.

Es posible que alguna frase escrita, que un comentario indirecto hubiesen despertado el interés mutuo. ¿Qué interés? Ninguno de los que son usuales. Luego, conversaciones largas dejan ver un ser de esos en que se reúnen los elementos que Sócrates pide a los dioses: bello interiormente, y con belleza exterior acorde con esa interior.

Hablamos desde entonces un diálogo no exento de pausas.

Nos hemos asustado y consolado. Leído, conocido y aprendido. También aprehendido. Avanzado y retrocedido hasta y desde donde nos lo ha permitido un código mudo, intuido.

Adoro su inteligencia, sus extraños giros, su capacidad de sintonizarse, de reconocer el sentido de un paréntesis, el valor de los puntos suspensivos, la gracia de una sutil variación en el lenguaje o de una frase introducida sin razón expresa. El por qué de un poema soltado al viento con afecto no siempre bien disimulado.

Me cito:

Pues sus silencios retumban: caballería celestial a veces
a veces música. Roce de ángeles.
A veces silbido de serpiente.

Pues mis palabras: palabras son con vocación de viento.

Casi siempre tormentas. Centelleantes.

Nunca nos preguntamos por qué. Porque no hace falta preguntárnoslo.

Sus zapatos —sabe cuales— tienen la gracia y la agilidad de las que los míos carecen. Empezaron estos a volar muy tarde. Aquellos hacen huellas imborrables. Para todos.


Resbalo… y caigo.
Todo en la montaña
sigue su curso


*

No hay comentarios.: