Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




noviembre 08, 2009

Frivolidad



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Educar al hombre es impedirle la “libre expresión de su personalidad.
(Nicolás Gómez Dávila)

Un tipo podria conseguirse una pistola automática (no sé que sea eso, pero suena bien). Luego podría montar una olla más o menos disimulada en algún sector de su ciudad. Y vender dosis personales de plomo. Balas explosivas, éxtasis garantizado, saltos de ángel. Vuelo eterno. Cada quien, prevalido por el libre desarrollo de la personalidad (CN, 16) y protegido por algún fallo de la Corte (C-481/98) que llevaría doblado en el bolsillo de atrás por si las dudas, con una pequeña declaración que cubriera las espaldas de cualquier involucrado, podría arrimarse allí, comprar su tiro pagando por anticipado obviamente, y autoadministrárselo. Se lo pegaría, como si se pegara su cacho de mariguana o de bazuco; como quien se mete una línea. Sería todo un aporte a la economía. Florecerían negocios aledaños: un hippie trasnochado que abandonó la carrera de medicina dibujaría el corazón sobre el corazón para los nostálgicos de Silva, una papeleria cercana vendería gorritos con dianas que ajustaran en las sienes, algún diseñador avispado haría un artilugio que mantuviera el arma firme y en posición entre la boca, y que evitara que el tiro, por el nerviosismo último, saliera por la mejilla llevándose no la vida, sino un pedazo de cara con los dientes. Las empresas de servicios funerarios se establecerían en las vecindades y no faltaria quien montara una lavandería, una sala de maquillaje de cadáveres, un reciclaje de sesos, una fábrica de gelatina. ¿No es con sangre que se hacen las morcillas?. Un cura absolvería en prevención y daría extremaunción a los creyentes. Otro rezaría responsos previos o posteriores a gusto del consumidor. No faltaría un notario que formalizara las últimas voluntades ni un abogado que las redactara, por el 40% de los bienes, digamos. Si el tipo en vez de bienes tiene males, pues nada. Un economista diseñaría una tarifa plana o un combo que incluyera opciones. El estado, claro, agregaria impuestos.

Habría, por supuesto, lugar a discusiones. ¿Se puede considerar desarrollo de la personalidad lo que no conlleve a un desarrollo? Porque, diría el abogado demandante que tendría que ser por fuerza un opusdeisante contralibredesarrollistadelapersonalidad, no pudiendo desarrollarse el muerto, la norma constitucional aplicable resultaria inane, mal aplicada, abusada. Alegaría que, en gracia de discusión, el derecho es a tomar disposiciones importantes para la vida, pero que por sustracción de materia la cosa no resultaria aplicable al de cujus porque la consecuencia es que queda eso: de cujus. La contraparte, un docto doctor de pelo y barbas canas, aduciría que bueno, que los hombres, y también las mujeres, se desarrollan y no por eso quedan muertos. Aunque casi. Y así.

Y la corte sortearía conjueces que fallaran porque entre ellos hay algunos que tambien consumen etc.

Mejor no sigo frivolizando con esto. Me dió dolor de cabeza. Y ganas de meterme un tiro de besos. De seguir escuchando a Norah Jones y de dejar de pensar pendejadas.

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