Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




septiembre 03, 2010

Pájaros




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona




Un día los pájaros, cansados del calentamiento y queriendo ayudar, acordaron batir sus alas al unísono. Invitaron a las mariposas y ellas accedieron a condición de estar un poco lejos no fuera que uno de los invitantes no pudiera resistir su naturaleza y quisiera convertirlas en alimento. Se extendió por el mundo una brisa tenue que refrescó la atmósfera y los hombres, sorprendidos al principio, comenzaron a indagar su causa luego. No era posible que cada habitante de la tierra sintiera que algo abanicaba suavemente su rostro sin que aumentaran los consumos de electricidad ni el gasto de petróleo, más bién haciendo que bajaran. Una persona entonces, en Nueva York, cerró de golpe la ventana. El vecino lo oyó y la cerró a su vez. Dijeron que esa brisa podría estar contaminada por la religión del otro, por alguna venida del oriente medio. Unas horas después el golpe de ventanas que se cerraban se escuchaba desde Tokyo hasta Buenos Aires. No faltó el inteligente que sugirió que eran las mariposas, por lo que cargaron enormes pájaros metálicos con toda clase de sustancias químicas y las regaron entre las nubes y sobre los campos. Alguien que vió aletear su pájaro enjaulado, lo miró con odio y lo mató y fue asi como los pájaros y las mariposas se convirtieron en el enemigo y fueron sucumbiendo. Los poderosos se reunieron de afán para analizar si era preferible matar ruiseñores a cañonazos o si explotando bombas atómicas en lugares claves la onda radioactiva cubriría la tierra y asi terminarían con el fresco que no se produjera por las máquinas. Desapareció la brisa y un calor enorme se apoderó de todo. Los bosques ardieron y los hielos se volvieron líquidos. Una ola se metió por la ventana del primer hombre que la cerró sin que a él le importara porque ya no había él. El vecino había perecido ahogado en su propio sudor. Las cuentas de luz se acumulaban pero los computadores de las compañías de energía informaban de ganancias astronómicas. Cuando unos años después aquellos que tenían refugio en lugares fortificados bajo tierra se atrevieron a volver a la superficie, un gorrión de extrañas formas trinaba desde un poste y un ave negra y pestilente producto de los daños genéticos se arrojó sobre ellos sin dudarlo y les arrancó los ojos.




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1 comentario:

Mersault dijo...

Hay pájaros en que, sin duda, quisiera convertirme; con la idea suicida, claro está, de arriesgarme a que cierren las ventanas.