Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




diciembre 18, 2012

Soledad


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Anoche en una cena familiar debíamos ser unas cincuenta personas al menos. Me sentí horrorosamente solo. Solo y observado. Como se siente, tal vez,  un pajarito en una jaula. No sé. No es culpa de nadie. 

No te sientas nunca así, le digo a una amiga: una cosa es sentirse solo, otra estarlo. Uno alienta sus demonios y no hay que hacerlo porque si se les alienta, viven. Es muy difícil no hacerlo, me responde. No, le replico, alimentarlos es difícil. Quien lo hace, lo dice. 

Alimentar los demonios es cederles nuestras carnes. Arrancárselas a trozos.  A veces uno siente que las agarra del centro del torso, a veces del corazón (no sé si el corazón sienta más que el bazo u otra presa cualquiera, pero nos parece que sí). A veces son los ojos que se desprenden. Cualquier parte del cuerpo es buena para ellos, y aquellas que más duelen, mejor. 

Se condimentan con algo salado que tiene la virtud de la tormenta pero también la característica de lo exiguo: se va con solo que se le pida irse, o se acentúa con cada nuevo trozo de alimento. Todo ello consumido con amargura y un rictus raro que se intenta disimular, pero los otros ven.

*


Un abrazo me alivia, ¿te alivia a ti? De ser así montaré en la próxima corriente de aire y sin tocarte, te abrazaré allá donde te encuentras. 

*


Unas palabras de M. Yourcenar se deslizan de soslayo: “En el hombre, al igual que en las aves, parece haber una necesidad de emigración, una vital necesidad de sentirse en otra parte.”


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