Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




marzo 26, 2013

La Mesa del Lado





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



En la mesa del lado, un hombre con la cabeza entre las manos y el cuerpo encogido, cuenta su historia.

Septiembre. Tu primer cumpleaños conmigo. Nos conocíamos hacia  unos meses. Hermoso ser, lo sigues siendo; te ponías unos pantalones blancos y una camiseta de rayas negras y blancas. Un buzo sobre los hombros. Reías. No tenías miedos. Caminábamos saltando sobre los charcos tomados de la manos. Tus manos. Tus ojos. Adoptamos un lucero. Y yo te regalé ese dia un libro. Un libro que me mira triste desde cualquier lugar y que tomo y acaricio en mis noches desoladas, en mis noches de enfermedad total y silenciosa, cuando no tengo a quien llamar y solamente espero a que ella venga a recogerme.


Escribí como dedicatoria: "Para alguien que para mí es mucho más que alguien". Lo sigues siendo.  


El Principito. En una de sus páginas, en un rincón, con la letra de la niña grande que eras, escribiste con primor tu nombre justamente sobre la imagen aquella que muestra al farolero decir: "Tengo un oficio terrible. Antes era razonable. Apagaba por la mañana y encendía por la noche. Tenía el resto del día para descansar y el resto de la noche para dormir." ¡Ah!. Farolero sabio. Se trataba tan solo de prender, y de apagar. 


Ese libro: ¡cómo lo busqué en esa versión, para encontrarlo en aquella librería de la señora donde tantas veces fuimos! ¡Cuánto dudé si era un regalo apropiado! Sabía que sí, pero Isabelita dijo no lo dudes: se regala como se es. A lo largo de los años, cuando volvíamos allí y nos tirábamos en los rincones a buscar cosas, ella recordaba ese momento y me sonreía. 


Yo subrayé una frase única, una del Rey: "— Si ordeno a un general que vuele de flor en flor como una mariposa, o que escriba una tragedia, o que se transforme en ave marina y el general no ejecuta la orden recibida, ¿quién, él o yo, estaría en falta?." Oh! ¡Cómo se amaba entonces..!


Es pasado y el pasado ya no me pertenece. 

Queda la gratitud. A pesar de los pesares, a pesar de la vida, yo te amo y te agradezco. Desde los vericuetos de mi mente, siempre: te amo y te agradezco. 


Se empeñaron en dañarme. Con mi ayuda.
El afecto se torna en odio sordo.
Un día no hay más hogar. Una pared gélida reemplaza a aquello que lo fue. Por eso vago y vago.


Ya soy un hombre viejo y prescindible. Un hombre que desea la muerte física pues ha sufrido muchas de las otras. Un hombre solo que no retuvo nada para sí, que lo dio todo y lo perdió todo. 

La vida es una encrucijada. Se llama así a un cruce de caminos. Éste ser que  amó y amó y amará, ni siquiera está en una encrucijada: simplemente no tiene camino. 

A nadie le importa que vaya a ser de mí. ¿A quién importa un hombre viejo, prescindible, solo, amargado?

No sé si me siguió con la mirada al partir. Supongo que levantó los brazos al cielo y dijo: "Por fín. Descansé".





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