Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




julio 20, 2014

Gaza



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Un dios que siembra y que cosecha. Que sembró violencia desde la creación. Que ofreció un paraíso y lo mostró, para quitarlo después por cualquier nimiedad absurda provocada por una serpiente parlante, herramienta suya. Un Dios castigador que dijo tener un pueblo para proteger a costa de otros pueblos; que envió siete plagas a los egipcios y los ahogó en el mar que les abrió como una trampa. Que ofreció una alianza —la alianza es entre iguales— exigente para la otra parte pero no para si, porque no cumple. Que hizo vagar y sufrir en el desierto durante cuarenta años a quienes llamaba suyos antes de entregarles la tierra prometida que, cómo no, arrebató a otros. [Yavé dijo a Moisés: « Márchate de ese lugar tú y tu pueblo que saqué de Egipto; sube a la tierra que yo prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob cuando les dije: Se la daré a tu descendencia. Enviaré delante de ti un ángel para que eche del país al cananeo, al amorreo, al heteo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo. Pero no subiré con vosotros a esa tierra que mana leche y miel, no sea que os destruya en el camino, por ser un pueblo rebelde ». —Éxodo 33:1-3.2]. Dios que exigió a un padre sacrificarle a su hijo y se hizo sacrificar el suyo propio. Que ordenaba matanzas bíblicas sin cuenta, que vencía o no a los filisteos, es decir los mismos actuales palestinos. Un dios incomprensible que justifica toda la violencia y se mide con el dios del otro lado que también clama por sangre.

Hay millones que dicen que lo entienden.

Hay miles que hablan por esos dioses y en su nombre. Y lo hacen también las armas todas.

¿Qué son entonces unos muertos más? Sencillamente nada.
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