Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




julio 25, 2015

Las calles de San Francisco





"Porque yo soy del tamaño de lo que veo y no del tamaño de mi estatura..." 
En esta ciudad uno puede enamorarse fácilmente. Hay personas de todas partes del mundo. De todas las razas. Que hablan en cuantas lenguas uno pueda distinguir o  intuir. En la que la gente es linda, mira de frente, sonríe y sigue de largo. 
Hoy anduve chinatown tan equivalente y tan diferentes a cualquier calle del centro de una ciudad colombiana o latinoamericana, con sus tiendas ruidosas llenas de mercancías más o menos baratas y el aire saturado con los olores característicos de la comida china. En medio de ello una catedral católica, bonita pero muy oscura.  
Subimos y bajamos las calles empinadas para nada extrañas a quien vive en una ciudad como la mía, pero potenciada con los recursos del desarrollo. Preferimos caminarlas que recorrerlas en tranvía para lo cual hay que hacer una enorme fila. Y, como me gusta siempre, ir por los lugares por donde no van usualmente los turistas. Un rincón allí, una bella arquitectura más adelante, una calle cerrada. Hacer detener el tráfico al cruzarse un poco de improviso.  
Somos del tamaño de lo que vemos tal como lo afirma Caeiro. 'Con conciencia de saber ver, contemplar la vasta metafísica objetiva de los cielos todos con una seguridad que me dan ganas de morir cantando.' 
El tamaño de lo que veo intenta coparme y lo consigue. No hay peligro de que me sature. Siempre hay espacio para ver más cuando se deja  fluir lo que se ve. Siento ganas y urgencias infinita de amar. Descubro que no se ha agotado en mi esa posibilidad a la que renuncié con los años. A la que los años, al igual que las vueltas de la vida, me hicieron renunciar. Me conduelo de mi mismo sin compadecerme. Quizás deba hacer una apuesta por la vida. Es decir por el amor. Ser del tamaño de lo que veo y no de otro tamaño ninguno. 
Esta ciudad de inmigrantes que bajaron de los barcos y que los abandonaron porque no se proponían regresar a ninguna parte; ciudad de gambusinos, de gente que fue a la guerra y vino de ella o fue encerrada por culpa de la guerra. Esta ciudad alrededor de la cual se salen los mayores milagros tecnológicos producto de la libertad que le dan a la mente, a la creación y al propio ser humano en todas sus manifestaciones. En la que en pleno verano la brisa sopla fría, pero se camina en pantalón corto y sandalias porque es verano, sí ésta ciudad es propicia al amor. Y a una cierta paz interior ajena, por fin, al arrepentimiento y a la culpa. 

-en el hotel un grupo hace un asado, tienen música y toman cerveza. Me ven leyendo y escribiendo y me invitan. No me atrevo pues no comprendo su lengua. Les agradezco con una sonrisa.



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