Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus."

Epicuro




agosto 19, 2016

Revisión



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Es duro estar en esos momentos en que se despide la madre de alguien, la hermana, la tía, la persona que uno trató, con quien se compartió conversación, risas, miradas, comidas familiares. Alguna indiscreción.
Es curioso que aún vamos a una iglesia a hacerlo. A oír hablar de cosas que sabemos que no existen. La resurrección. El descanso eterno incompatible con la vida eterna. El premio y el castigo. El regalo del justo. Dios.
Vamos porque ello nos hace sentir integrados en algo.
Pasan por la mente los momentos en que hemos sido los principales dolientes y agradecemos que tanta gente, mucha de ella desconocida y desconocida entre ella además, haya llenado la iglesia porque de alguna manera coincidió con el muerto o con su entorno.

¿Vamos por vernos con otros con quienes solo nos encontramos en tales momentos?
Vi hoy personas que hace mucho no veía y no me reconocieron y yo apenas si, con algo de esfuerzo. Vi los que asisten  para dejarse ver, para dejarse saludar, para juzgar, criticar y captar chismes o esparcirlos. Para apuntar quien estaba con quién y quién no.

Estoy un poco estupefacto. ¿Deberíamos entregar el polvo al polvo en la intimidad, sin ceremonias ni discursos?
Asusta comprobar que el abrazo es apariencia pues alcanza una mirada y una voz de silencio comprensivo.
Sorprende el grado de intolerancia y rabia que hay en el ambiente Cuando se habla más de humanidad -en un entierro es cuando más se habla de la vida- somos cada vez menos humanos. La constante postura de ver el detalle malo y exponerlo auto victimizándose, como si ser humano no fuese ser imperfecto y como si la perfección fuera el don de el otro para podérselo sacar en cara.
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Ya no suenan la campana al momento de la elevación.
Ya no hay elevación en la elevación.
Todo es de la altura del ego,
enorme pequeñez.

© 




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