Para los que aún escuchan a Arvo Pärt mirando un bosque.
Hay puentes que se construyen para cruzar, y para resistir el olvido. Uno de ellos, hecho hace dos mil años por los romanos, en Hispania, lleva una inscripción: "Este puente durará mientras dure el mundo." No es una metáfora. Es una promesa en piedra, como quien dice: esto que hacemos no es solo útil, es sagrado.
Hoy todo se diseña para desaparecer. El instante manda. El iPhone 16 ya es viejo cuando el 17 aparece unos meses después. Las relaciones duran lo que un like. El “te amo” se dice con sinceridad de instante, pero sin vocación de permanencia. Y sin embargo, alguien te cruza en la calle y dice: "No te veía hace ocho años. ¡Y vives! No sobrevives. Vives".
Porque hay miradas que borran calendarios. Encuentros que no suceden en el tiempo, sino en el alma. Como el artesano que elabora cada pieza de un armario que nunca construye, pero que está hecho en su corazón.La IA lo hace mejor, dicen con la intención de disminuir la humanidad. Pero la IA no tiembla, no se equivoca con belleza, no ama sin algoritmo. No se sienta a escuchar a Arvo Pärt mientras contempla un bosque y siente que no necesita nada más para existir.Nosotros sí. Nosotros, algunos, somos los “sí mismos mismos”. Los que no se rinden. Los que no se retocan para encajar. Los que aún escriben cartas. Los que dudan sin necesidad de resolver. Los que ponen alma en los ladrillos.Este texto, quizás, es también un puente. No de piedra, pero sí de intención. Durará mientras dure el mundo, o mientras dure el temblor que lo sostiene.
*

No hay comentarios.:
Publicar un comentario