Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

septiembre 08, 2025

El bueno, El malo y El feo



«Cuando tengas que disparar, dispara, no hables»
Tuco




El teatro Manizales ocupaba una esquina de la plaza Alfonso López. Entonces una plaza sin pretensiones, no una encrucijada ni el mamarracho de ladrillo que es ahora. Tampoco era bonita. Era bulliciosa, un poco desapacible y llena de habitantes de la vida. El teatro era uno de esos de cine continuos de los que había muchos en todas las ciudades. Consistían en que daban la misma película una y otra vez, sin encender nunca las luces, salvo cuando se reventaba el rollo y la gente entonces chiflaba, se escondía y gritaba cosas al proyeccionista. Muy visitados por solitarios, por transgresores tal vez, o para encuentros furtivos tipo tocata y fuga. Este estaba dedicado a las películas de vaqueros. No era muy aseado que digamos y bien podía ser el palacio de las pulgas. Pero, a veces ponían clásicos del tema y por ello viene ahora a mi memoria al escuchar la música que hizo Ennio Morricone para El bueno, el malo y el feo que ví allí hace añales, pues llegué a la ciudad años después de ser puesta en los teatros de categoría.

Estrenada en 1966 fue dirigida por Sergio Leone con las actuaciones de Clint Eastwood el bueno, Lee Van Cleef el malo y Eli Wallach el feo. «Rubio», «Sentencia» y «Tuco», cuyo nombre completo es Benedicto Pacífico Juan María Ramírez.

Tuco captura a Blondie. Ambos se cruzan con una diligencia del ejército, donde un soldado moribundo revela la existencia de un tesoro en monedas de oro enterrado en una tumba. A Tuco le indica el nombre del cementerio mientras que a Blondie le da la tumba exacta. Obligados a cooperar, los dos emprenden juntos la búsqueda, perseguidos por Sentencia, que también conoce la historia del botín. El relato culmina en el cementerio de Sad Hill, con un duelo entre los tres en el círculo central empedrado, acompañado por la célebre partitura donde se resuelve el destino del tesoro.

El Bueno, el Feo y el Malo es un relato de traición, lealtad y supervivencia en un mundo sin reglas claras.

Su final con Blondie alejándose con la mitad del oro y Tuco furioso pero vivo, encapsula la esencia del spaghetti western: no hay héroes perfectos, solo hombres enfrentándose a un mundo cruel con lo que tienen.

Allí, en ese palacio de las pulgas, entre silbidos y penumbras, ví entonces que la belleza también puede ser áspera, y ahora veo que la memoria se proyecta en bucle, como esas películas sin fin





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