"Hay días en que somos tan lúgubres..."
Hace varias semanas dejé escapar un mensaje. Cada tanto vuelvo a ver si ha respondido. Aunque sé que no lo ha hecho tengo la ilusión de que lo hará, al mismo tiempo que la seguridad de que no lo hará. Como todos, ese mensaje era inocente: la frase de un poeta que se cuelga en el ciberespacio como una bandera de oración al viento. La he borrado.
Hay días en que el alma pende de una frase como quien deja flores en la puerta que ya no abre. Prefiero la página en blanco que me está diciendo: detente, no hagas más, que si quisiera hablar lo habría hecho, que no tiene porqué ni qué decir, y que el silencio es en sí la más clara respuesta.
La ausencia —también para mí— es una forma de presencia. Hay páginas que no deben llenarse, y palabras que solo existen contenidas.
A veces el cuerpo se hace espíritu y uno se siente flotar. Se siente uno uno con el universo; la mínima parte de la parte más mínima del todo. Vivirá aunque no viva, estará aunque no esté.
No estaré, página en blanco, en ninguna otra parte sino en mí.
Cómo sería de hermoso deshacerse, deshacerse, desha...ser...se.
Me siento como un titanic hundido por su peso.
Por aquí todo bien. Gracias.

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