Nadie dijo que la vida fuera un jardín de rosas. Dios se asustó con el paraíso y lo quitó. Pero si alguien lo dijo con sentido, advirtió también de las espinas. Hablar desde el corazón es un abrebocas que anuncia que algo peor viene en camino. El que dice las cosas carga con la incomodidad, con el rechazo, con el halago amargo que llega tarde: “al menos lo dijo.” La palabra franca abre grietas en el silencio, y aunque no caiga bien, se hace memoria. “En el principio era El Verbo.”, la palabra es sustancial. Y los muertos tan callados, “están en cautiverio, y no los dejan salir del cementerio", como advierte la canción de Serrat. Aires de tormenta.

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