Lo que la vida se lleva y lo que la muerte guarda.
Este año de despedidas la muerte cumplió: la enfermedad y el tiempo hicieron su trabajo, y tocó soltar manos que nos sostenían.
Con Olga Lucía, se fue un ser generoso que unía y congregaba.
"La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente."
La muerte, extrañamente, pone a salvo a los que amamos.
Ya nadie puede herirlos. Ya no sufren.
La vida, en cambio, es un conjunto de “ahoras” implacables.
Nos expone al error, al agotamiento, a la crítica feroz, a la confrontación y al reclamo. A las causas y a las consecuencias.
La vida, razones no le faltan, intenta robarnos la cercanía a cada rato.
"La verdadera patria del hombre es la infancia."
Quizá porque allí nada nos ha sido arrebatado todavía.
La muerte guarda con esa misma inocencia lo que la vida desgasta.
"En medio del invierno se aprende que hay un verano invencible." Ese verano es la resistencia: no dejar que se nos robe lo que podemos cuidar.
Hoy, por eso, quiero hablar desde la invitación.
Quienes se fueron son eternos en nuestro cariño.
Nosotros estamos a tiempo.
Estamos a tiempo de pausar la crítica.
De suavizar la queja.
De perdonar el agotamiento, el cansancio. De no alimentar el desgano.
La vida, con sus desgastes, es camino. La memoria, con sus custodios, es la fuerza.
No dejemos que la vida nos quite lo que la muerte aún no ha tomado.
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