Tengo, dijo, la extraña característica de provocar reclamos aunque jamás hago ninguno. Creo que o bien no me hace falta una explicación porque la mayoría de las veces los actos humanos obedecen a situaciones de su libertad y son privadas, o bien que las cosas se explican por si mismas. Si alguien decide no hablarme, por ejemplo, asumo que es su derecho, que no tiene tiempo, que no quiere o que no tiene que decir. No me pregunto ni le pregunto qué pasó y aunque puedo intuir o deducir la causa, lo hago sin meterle demasiada mente al asunto. Somos siete mil millones de seres humanos. De ellos, exagerando, debo conocer cien que tambien acepten conocerme, interactuar con la mitad e incidir -o haberlo hecho- en la vida de uno de cada veinte. Para todos los demás, y también para estos cien, soy tan indiferente como ellos para mi. Sé que todos somos consumidores de oxigeno, de agua y depredadores de recursos por lo que el lobo solitario no podrá serlo por completo. Nos haremos polvo y eso es todo.
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