Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.
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noviembre 02, 2021

Desilusión



 

Se nace y ya es uno culpable
—H. Hesse


¿Es válido decir que cuando la desilusión se expresa pasa de ilusión a realidad lo que era inexistente? Porque ilusión es eso: irrealidad, que al expresarse se materializa.
A medida que la civilización cibernética devalúa más la palabra "amigo", al llamar así cualquier hombre, animal o cosa con la que haya contacto no importando que tan superficial sea, la valoro más y restrinjo más el uso que de ella algo. Y la reservo para quienes en mi corazón, pero sobre todo en el suyo, lo son y lo soy. Sobre todo en el suyo porque mi convicción es que quien ama es uno, pero el amigo es siempre el otro pues es de él de quien depende que uno pueda serlo.
La ilusión es extravagante. Nace de suponer; de adquirir expectativas que el otro  no conoce pero debe cumplir y que al no hacerlo lo hacen responsable de desazón, humillación,  ira gratuita, reclamo mal sonante. Dice el amigo: pensé que harías, o no, tal cosa; que serías, o no, tal otra; que había encontrado el arquitecto de mis sueños... que mi destino eras tu... ¿Cómo puede responderse si  no de una manera desapacible, con un qué culpa tengo de que usted haya pensado y creído eso? ¿De cuando acá un afecto, una señal de comprensión, se hace una promesa?
El paso siguiente es que todo pase,  es decir: se hará pasado. Que todo pasa, es decir: se haga pasado.
Me ha desilusionado, dirá una parte. No voy a ser más causa de sus ilusiones, dirá la otra. La primera pasará al odio, la segunda al desconcierto y al silencio.
Además, con toda hipocresía, hay que decir: "lamento haberlo desilusionado". Adoptando la culpa como si de verdad se tuviese alguna.


§






 

abril 27, 2016

hace falta...



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



"Enredar o desenredar
el sauce...
la voluntad del viento."

Chyo-ni (1703-1775)





hace falta a quien amar,
con quien sentarse en la orilla de la cama
con los pies desnudos
o del agua rozándolos de vez en cuando.
hace falta a quien decirlo.
con quien llorar.
a quien mirarle el alma en pedacitos.
hace falta una dulce toma, básica,
con la que se pueda cambiar de plano
una vez llegado el tiempo.
hace falta esa mano en que envolver los dedos uno a otro,
uno a uno,
unos cabellos en los cuales meterse,
unos ojos que brillen y unos labios
que se arrojen contra los propios,
sin pedir permiso y sin exigirlo
a los que vayan los míos como suyos
-de los que pueda beberse tragos dulces
llegarse en ellos-
hace falta con quien acostarse
y desnudarse
y entrelazar las piernas
o dejarlas flotar sobre los hombros
dando_se,
tomando_se,
ofreciendo_se...

—no es que haga falta,
es que faltas tu
y aquello que nos hace falta
solo tu y yo vinimos a saberlo—

nada es posible cuando lo es más
lo fue sin que lo fuera.
igual que hace siglos
"la voluntad del viento".



§


marzo 28, 2016

Un ron con café...




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona




Un ron con café
no más que uno.
Tarde de manos tomadas
de labios y pasión
de abrazos,
de parques

y de lluvias.
Mensajes.

Dulce sueño.

Dulces sueños.
Mañana ¿un nuevo amanecer
de aquel amor que arrasa todo?
¿ya no estaré?

Reclama mis pies y yo sus manos
que no son los de ayer.

Y son tan míos...






§

febrero 22, 2015

Cartas





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Ayer tenia que esperar un par de horas mientras hacían algunas labores de mantenimiento al carro. Lo dejé en el taller, subí las escaleras de la Calle 12 hasta la Carrera 23 y busqué un lugar para desayunar. Entré al segundo que vi. Me ofrecieron huevos revueltos, arepa con queso y chocolate, muy de casa. Lo tomé. Pagué los tres mil pesos y crucé la calle al parque que hicieron que les quedó bastante bello.

Por ser sábado había poco tráfico y poca gente. Las fuentes de agua funcionaban sincronizadas con la música que brotaba de los parlantes. Escuché. Hice algunas fotografías del pequeño canal por el que a pesar de su poca pendiente transcurre veloz el agua mientras pensaba, sin ninguna originalidad, que así mismo es la vida. Hacía sol, pero había llevado un sombrero que traje de San Miguel de Allende.

Solo había un joven leyendo recostado contra una pared, algunas personas del aseo y los policías de la estación cercana. Llevé un libro comprado la tarde anterior tomado de las bandejas de la libreria dónde ponen los que están en promoción, garantía de que no fueron un gran éxito editorial. No dudé en comprarlo cuando leí el párrafo que cayó en mis ojos. Se llama El Regalo del Tiempo - Cartas a Mis Hijos - escrito por Jorge Ramos el muy conocido periodista. Lo abrí por la mitad, en el comienzo de una cualquiera de las cartas, Carta 8 - Miedo a Volar, y me dejé atrapar. El autor lo expone al comienzo: "Estas cartas no son para ti. No se suponía que tu las leyeras, pero aquí están." Son cartas íntimas, pero no muy diferentes de las que mi padre me hubiera escrito si se lo hubiese permitido. Porque mi padre era como Ramos describe al suyo, como los de su tiempo: sin mucho espacio a las manifestaciones de afecto pues el amor se sobreentendía. La idea que cruza el libro es el inicio de Demian, la novela de Hesse: "Quería tan sólo intentar vivir lo que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué había de serme tan difícil?"

Hoy volveré a la libreria con la esperanza de que nadie haya descubierto lo que yo y comprar algunos ejemplares para regalárselos a mis hermanos. También quisiera dárselo a una persona que comienza a estudiar periodismo aunque quien sabe si les gustará. El tiempo y la vida ponen distancias pero hay amores eternos.

No tengo hijos ni ganas de tenerlos. Desarrollé una teoría exculpatoria que me cuido de exponer. Pero me siento un poco padre. Siento que hubiera sido uno bueno como la mayoría.

Ramos me llevó hasta mi padre, muerto hará por estos meses quince años.


§


A las once empezaron a llegar niños y uno de ellos, traviezo como corresponde, apuntó un chorro de agua contra mi humanidad consiguiendo dos cosas malas y dos buenas: las malas un regaño y una mirada fulminante; las buenas, que volviera en mi, y se disimularan las lágrimas que en ese momento corrían por mi rostro.


§


Hay en el nuevo parque una tienda de esas famosas que venden café. Estaba abierta pero preferí bajar unos pasos para recorrer un poco el nuevo bulevar; me detuve en el kiosko que ha existido allí por años -paradero tradicional de taxistas- y pedí un café. La señora sirvió uno pequeño. Le puse un poco de azúcar y me senté a tomarlo. Fue como la ambrosía. Un café como hacía mucho tiempo no probaba. Lo degusté poquito a poco y luego casi que reverencialmente pedí que me sirviera más. Me miró como diciendo ¿vio? Una limpia descarga de energía envuelta en aromas y sabores. Le pagué sus mil pesos, tres veces menos de lo que valía más arriba, y me dije que había sido la mejor mañana de sábado en mucho tiempo.

-










noviembre 20, 2014

Navidad



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


La navidad no es un recuerdo ni es nostalgia. Es algo que está unido a nuestra vida como marca de nacimiento en el cuerpo y el alma. Es siempre actual y es un anclaje. De distinta manera para cada uno, quizás,
porque tuvimos los mismos padres en tiempos y circunstancias diferentes; porque hay distancia temporal y física, porque hay diferentes vivencias, porque hemos sido autores, actores, referentes o testigos de todas ellas.

Somos ramas del mismo tronco y ramas salidas de las ramas -y ramas de las ramas de las ramas- que han sido señaladas con la misma señal. Algunas surgen apenas a la vida y son ya tradición. Otras, que nos aproximamos a la meta, un poco más y seremos humo.

Vemos la navidad con la alegría y con la sencilla despreocupación ancentral a que se oponen los tiempos. Un abrazo y un buñuelo nos valen lo mismo que un diamante.
.

octubre 29, 2014

Deseos






Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

Mi reino por un "te amo",
sangrándote en la boca.
José Hierro



Yo quisiera poder escribirte todos los dias un poema, o darte uno. Que lo leyeras sin decir nada, o que dijeras sin debates y sin juicios. Yo quisiera poder quererte impunemente. Amarte sin terror ni miedo. Decir te amo sin asumir que es por siempre sino por ahora siendo la eternidad ahora y todo ahora eternidad en si mismo. Quisiera poderte amar, sentir tu piel, darte mis besos, tomar los tuyos asi, dia tras dia, instante por instante como se respira sin presentir el próximo resuello. Quisiera poder tomar tu mano sin apropiarme de ella y tu cuerpo sin hacerlo mío. Que ningún abrazo fuera prisión, ni candados los labios, ni las palabras cadenas, ni púas la intimidad, ni compromiso indisoluble un beso, ni los oídos redes. Que no fuera la espalda soporte de pesos imposibles. Y que no fueran espías los ojos, en vez de ojos. Eso quisiera.


.


 

junio 03, 2014

Oraciones.



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Quise decir esta antigua oración irlandesa cuando en el lugar alto Carlos Fernando propuso una por quienes ya partieron. Desconfié de mi memoria en el momento, pero la pongo hoy como mensaje final de éste intercambio de emociones. Recitamos un par de padrenuestros en cambio, uno por ellos y otro por nosotros.

Me han preguntado qué valoro más del encuentro y he dicho a los mios que la sensibilidad que tuvimos -sin previo acuerdo- de retomar la conversación en donde había quedado al disgregarnos y en la misma posición. Sin requerimientos, sin presentar exámen, sin competencias sobre ninguno de los otros aspectos de la vida, n
os reconocimos, y también nos conocimos, en la sencillez del abrazo. Es decir como compañeros. Lo cual es muy extraño en una época en que priman el exhibicionismo y valores de otro tipo.

[Compañero se deriva del latín compania, formado por cum ‘con’ y panis ‘pan’. Etimológicamente, pues, compañeros son ‘los que comparten el pan’].

Ésta ventana estará abierta para cuando quieran compartir. Regálenme por favor la foto de familia completa, pues no quedé con ella.

Muchos éxitos.

"Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón con gratitud
el recuerdo precioso
de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en ti
y te ayude a llevar la alegría
a los corazones de cuantos amas.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes
y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios te mantenga firme,
que los ojos de Dios te miren,
que los oídos de Dios te oigan,
que la Palabra de Dios te hable,
que la mano de Dios te proteja,
y que, hasta que volvamos a encontrarnos,
Dios te tenga, y nos tenga a todos,
en la palma de su mano."






mayo 16, 2013

Óyeme.



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona





El día, ya no lo sé
-sí lo sé, mas no lo digo-
León de Greiff



Yo te amo
Con ese amor que se permiten los amantes enterados 

los amantes viejos
con ese amor total que no requiere nada, ni empaques, ni sustancia, ni apariencias de amor
con ese amor que nace y muere en la palabra intuida 

imaginada
silenciosa
con ese amor que hace vibrar el viento 


Así te amo: con ese amor perdurable e inconstante

Con mi rostro enrojecido
excitado 

distante.

Diferente. 

Ajado.

Que solo tú y yo reconocemos.


Así te amo.

Con este corazón que aprieta fuerte 

fuerte.



§

abril 22, 2013

Ella





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


La conocí por internet. Así de simple. Me interesó y luego de unas horas decidí que la vería. Unos días después, en un centro comercial en Houston, tuvimos nuestro primer encuentro. Era grande, proporcionada y robusta sin ser gorda. Su presencia, ya física, se me hizo hermosa. Al darle la mano transmitió confianza. Sus formas muy suaves; vestida de azul, sus ojos muy brillantes. "Un poco grande" alcanzó a susurrar el amigo que me acompañó hasta allí, pero le respondí por lo bajo con el dicho de mi pueblo: "Caballo grande, ande o no ande." Además, es gringa, pensé. "Siempre te han gustado grandes", replicó sonriendo.

Al rato ya andaba recorriendo conmigo la ciudad en un auto de alquiler, indicándome paso a paso la ruta en esas autopistas en que de pronto te encuentras estando en un sexto piso, a la velocidad sin pausa que el tráfico determina. Estábamos conscientes de que eramos el uno para el otro, así que hicimos algunos papeles adicionales y se vino conmigo a Colombia en un viaje alucinante de horas y horas.

He sido un amante delicado y tranquilo. Ella, una compañera no necesariamente dócil que sabe cuando y como reaccionar y lo hace prontamente. Colaboradora sin fatigarse a la hora del trabajo, disfruta cada momento a la hora de la diversión. Me acompaña sin vacilar si de escuchar música se trata, sin protestar que cambie de jazz al clásico a una cumbia o un vallenato sin solución de continuidad. O a recorrer el mundo. O a mirar cuadros o películas. Nunca se retira antes porque esté cansada y acompaña pacientemente mis silencios de lecturas, desconsuelos o desolaciones. Sugiere, no sé como se entera, nuevos textos y me presenta mucha gente por si quiero conocerla. Va conmigo donde sea, a tomar café o al bar en donde algunos la miran sorprendidos o envidiosos. Y solo una vez estuvo enferma grave porque la llevé a algún lugar a donde no debía. En una clínica de Bogotá supieron diagnosticarla y curarla y volvió conmigo a casa como si nada.

Como todas, no deja de ser vanidosa, de maquillarse, de cambiar de peinado y de actualizar su look. Sale a trotar todos los días, hace ejercicio, descansa y dice que queda como nueva.

Como todos, a veces yendo por las calles veo al pasar chicas más lindas, más actuales, menos grandes, más y más delgadas, más ágiles -dicen- y muy buenas, para que negarlo. De piel de manzana y rostros que quitan el aire. A veces me paso de atrevido y me detengo a mirarlas fijamente y voy a casa y se lo cuento. Ella comprende y emprendemos un largo diálogo sobre ello. Si quieres, me dice, yo me haré a un lado para que tu seas más feliz. Pero no consigo hacerlo. Todavía no. Pagaría un alto precio por ello. Me quitaría sí algo de peso. Pero mi espalda es fuerte como para que unos pocos gramos de menos hagan diferencia alguna, pienso.

Y nos vamos a la cama tomados de la mano.




*


octubre 05, 2012

Nocturno




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Alta noche compañera silenciosa. Un piano. La voz de Baglietto desgrana un tango desesperado. Esa imagen tuya en 22 palabras acaricia el alma que posee este cuerpo. Voces de la tierra reclaman que el barro vuelva al barro. Voces del aire dicen ¡vuela! 


'Mirada de una fiera imperfecta tras la cornisa.'

Dedos que se acercan a otros dedos sin consideración a la distancia inexistente.

Aleteo de labios.


§




.

octubre 08, 2011

Abrazos


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona





Cuando te abrazo
tu me abrasas




*



[Mi alegría es sentir el olor del viento en sus cabellos
saber a lo que sabe su piel
oler su cuello...
Y que por mis ojos le sonría el alma]




*

septiembre 03, 2011

al paso




Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



1.
al tocar tus manos
las mías desaparecen:
son las tuyas

2.
mi pecho era
un transatlántico
en su espalda
más adelante ambos
fuimos olas...

3.
me gusta apartarme de ti.
Verte de lejos no sé...
... me acerca

4.
cuando te miro
y una sonrisa se dibuja en tus labios
el corazón preferiría no entender...

5.
seis cervezas embriagan
menos que ese milímetro
de tu piel desnuda...
menos, mucho menos
que tus pies descalzos.

6.
 Dame una imagen de que aferrar un ansia,
una carencia,
un eso sensual,
primario...
Humano.

7.
Luna creciente.
En mi ventana
golpea un viento tibio


§

julio 13, 2011

Desdesolaciones




Luis Fernando Gutierrez-Cardona




Te pido que me dejes tomar un poco del aire que respiras. 
Es todo lo que hace falta. 
El aire, entonces uno, hace uno la piel, 
uno las manos, 
uno los brazos y las piernas, uno. 
La vida es una. 
Se flota. 
Se levita.
§

marzo 12, 2011

mis amigos



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Son obreros de la construcción
vendedores ambulantes
bomberos voluntarios
panaderos,
decoradores de pasteles
sicólogos, médicos, psquiatras
contabilistas de oficio
contadores
(de cuentos)
abogados pleitistas, tinterillos
poetas en ciernes, literatos
novelistas de noche
camareros, bar tenders
estudiantes todos,
filósofos
aprendices de sócrates
medianamente locos
cuerdos que no lo saben
ni se enteran
fontaneros, domadores de rayos
ingenieros, gerentes,
cogedores de estrellas
diseñadores
(de ensueños)
escuchantes, bacantes
fumadores, teatreros
capturadores de imágenes
cosechadores de sueños
corifeos, coristas y cantantes
expendedores de frutas
gocetas de la vida

administradores de amores
mis amigos

*

diciembre 31, 2010

Ámense...


Luis Fernando Gutiérrez-Cardona

No es el amor, sino los alrededores lo que vale la pena...
La represión del amor ilumina sus fenómenos con mucha más claridad que la experiencia misma. Hay virginidades de gran entendimiento. Hacer compensa pero confunde. Poseer es ser poseído, y por lo tanto perderse. Sólo la idea alcanza, sin corromperse, el conocimiento de la realidad.
(Pessoa, Libro del Desasosiego)



Amen y hagan lo que les de la gana,
digo físicamente, a quienes aún creen que hay alguna otra forma de hacerlo.
Piérdanse en un orgasmo de ojos,
mátense a besos,
aprópiense de cualquier trozo de piel que todos ellos
y en cada uno de ellos
hay una totalidad erótica,
recórranse con el aliento las planicies de la espalda
y las cumbres de otros lados,
déjense ir por los pianos de los pies,
asciendan las pequeñas colinas que son los tobillos
y vuelvan a los valles plantares,
déjense ir en cada dedo de las manos,
ahóguense 
en el ombligo
y deténganse
en los abismos oscuros
o en las altas montañas
que siguen
o preceden.
Poséanse,
ilumínense,
apodérense,
humedézcanse.
Sacúdanse,
destápense,
consúmanse.
Que no sean los cuatro labios ni los seis el único universo
que hay sensibilidades por explotar allí, si, y allí también.
Explórense,
inspecciónense,
rastréense,
indáguense 
con la lengua,
investíguense sin preguntar
sondéense
no solo con el pensamiento
analícense sin la razón
reconózcanse, auscúltense, estúdiense,
examínense, inquiéranse táctilmente,
febrilmente tóquense
y explótense.
¡Explótense!
Pero por sobre todo, abandónense...
Y no necesitaremos ni requeriremos -si me incluyen-
de nuevos años felices:
ya lo habrán sido en la eternidad del instante.

Y si no bastare, duplíquese.

*

febrero 06, 2010

Milagros

(Dan Flavin)

Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Entre el brutal tráfico de la tarde
en medio del concreto,
el humo de los carros,
las angustias y afanes de la gente,
y el calor,
¡un milagro!
el pequeño gorrión entona un canto
que oigo alelado.
Los transeúntes me miran
asombrados,
¡un milagro!

*

noviembre 02, 2009

Introspectiva



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Y muero por vivir...


Este mensaje tiene el sabor y el color de una conversación de silencios, palabras y sentimientos. Se trata tan solo de consciencia.

Entendida a la manera budista como un espejo que si bien refleja lo que se le pone delante, sin recibir por ello ninguna mancha y sin que nada quede en él, existe algo que sobrepasa el yo y que está más allá del ego primario. Es la consciencia. La consciencia siempre está tranquila, registra lo que pasa, es testigo, pero no se afecta en nada por ello.

Leo con sentimientos raros los escritos y algún comentario en ellos me hace estremecer. Mi madre murió entendiendo sin entender lo que escribo, sin aceptarlo. "Tú que te quieres tan poquito, y yo que te quiero tanto" me puso alguna vez en una nota. Noches de alucinación, medias palabras y comprensión total. La inteligencia más sofisticada. El mismo y otro por tanto. Tocado por el dedo de dioses benevolentes casi nunca.

Crecer duele. No ese "crecer como personas" que se menciona tanto (ni modo que creciéramos como pulpos). Crecer resulta ser no más que encontrarse con el mundo adulto. Tener que jugar con sus reglas. Mundo que quiere vernos, y que nos veamos, como integrantes de su equipo. Aunque nos resistamos, aunque no hayamos sido niños, el paso del tiempo nos dota, supuestamente, para la vida que además debemos agradecer. Tenemos que tomar posturas. Sin que sea evitable ya no se es niño y se establece un juego de transferencias no siempre justo en términos de tiempo, de modo y de lugar. Recurrente y persistente. Pero al mismo tiempo excesivamente humano.

El fardo se acomoda estemos o no preparados para cargarlo, sin que dependa de que lo queramos o no.

Como adulto se actuará cada vez más bajo esquemas de conocimiento cristalizado. Aunque no se niega el aprender, cada vez se obra más por "experiencia".

Se puede preservar un mundo hasta su inserción en el otro, sin cerrar las puertas ni las ventanas porque todo sigue su curso. Preservarlo significa concentrarse en lo que toca, en el tiempo y la oportunidad que toca. Nadie puede pedir más, pero también todos tienen derecho a no pedir menos. E intentar ser feliz al hacerlo y no dejarse llevar a ningún pleito en que no se sea parte.

A veces nos planteamos regresar. Mirar atrás es convertirse en estatua de sal. Pero es muy tentador ese regreso que es hacia adelante, que es movimiento, que significa no quedarse.

Todos finalmente comprenden nuestro modo de ser. No es tan grave que no estén felices con el. Pero si es grave que uno no lo esté, en el entendido de que felicidad no es más que estar en paz consigo mismo.

Apartaremos y seremos apartados: "Vendrá un tiempo en que ya no sabremos dar un nombre a lo que nos una. Su nombre se irá borrando poco a poco de nuestra memoria. Y luego, desaparecerá por completo”. Pasa en todos los ámbitos.

Por otra parte, descubrir el lenguaje para llevarnos bien si no con toda la humanidad, con la parte de ella que nos rodea, es un problema de lado y lado.

Todo pasa dentro aunque pase fuera. Y pasa.

Siempre se es más uno de lo que uno mismo y otros creen. En éste vórtice insano y fatal que se llama vida, lo peor es lo que se irroga.

Mis démones han ganado la batalla. Y también la guerra. Les he abandonado el campo. Ahora que terminan de consolidar sus posiciones escribo esto que no leerá nadie aunque esté aquí. Porque la han ganado puedo decir por qué lo hicieron: luché con ellos día a día desde mis diez años -enterarse de que existian fue el primer uso de la razón- y al hacerlo no los dejaba ir. Siempre contaron con el oxígeno que les daba la lucha. Pude haberlos sacado de mi mente, tuve los argumentos y la solidez intelectual para hacerlo. Retuve los muy malditos. A ciencia y paciencia de lo que sucedería.

Les tengo reservado, con todo, un lugar muy brillante para ellos. Y muy oscuro.

Pero no hay que pedirle a nadie que amanezca.


_____

* Margarita Durás (Hiroshima Mon Amour)



octubre 17, 2009

Caballito de nubes






Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


Para David Estrada,
que también ve caballitos



Papá era uno de esos seres extraños que miran al cielo y ven en el cielo guitarras, ángeles y dragones.

Que era capaz de meterse en montes cerrados y salir de ellos como si nada después de encontrarse con animales de todas las pelambres y con brujas que danzaban alrededor de un gran árbol.

Que cuando describía un tigre, siempre uno de Bengala, sus rugidos se escuchaban en la cuadra y uno lo veía pasar frente a los ojos.

Que cuando hablaba de elefantes terminaba montándolo a uno en uno de ellos y llevándolo a galopar por algún lugar de la india o del áfrica.

Para quien los leones eran simples gaticos perseguidos por algún Tartarín de Tarascón, personaje de un libro de Daudet que mantenía a la mano. "¿Leoncitos a mi?, decía como don Quijote, ¡que se vengan de a uno y no me hagan pandilla!"

Papá decía que no debíamos comer las frutas de las chirimoyas porque nos crecería un chirimoyo en la barriga. Un día de temporada de la fruta, notándome incrédulo con una gran bolsa de ellos en la mano, me llevó al parque a ver un niño que se había comido una pepa de mamoncillo. (Las chirimoyas eran más bien escasas y el sugería como quien no dice nada que podían ser venenosas, tal vez para que nadie las tocara y comerselas él con mi mamá). "A consecuencia de aquello al niño le creció un árbol de mamoncillo en la barriga". No podía ser de otra especie pero con él contando el cuento cualquier cosa podía suceder.

— "Las ramas, dijo describiéndolas de modo que no había lugar a dudas, le salieron por las orejas, por las narices y por la boca. También las raíces encontraron una salida. Pero el doctor Arbeláez le sacó el árbol de la barriga. Para eso necesitó de un hacha como la que tiene su abuelo en la finca, y un serrucho de los grandes, de los del aserradero de don Manuel Ramírez. ¡Cómo sería de grande el palo que con la madera que quedó hicieron esa casa! -señaló la más grande de la cuadra.

[Por eso el niño ya no tenía ramas, ni hojas ni raíces, dejó que concluyera por mi mismo.]

— "Su palidez, que yo no noté pero el destacó, es porque no se le ha pasado del todo el color amarilloso de los mamoncillos, que le quedó de tantos que tragó".

Yo miraba alelado al niño intentando imaginar cómo el doctor taló sus ramas, pero cuando quise acercármele para ver si le quedaban rastros o para hacerle alguna pregunta de esas que los niños hacen y los mayores consideran imprudentes, papá me cogió de la mano y nos fuimos para la casa por la calle de arriba.

Ese día pasó algo que no entendí hasta mucho después cuando me reconocí en unas fotos como a los dieciséis años y me vi como si viera a otro. Camino de casa nos encontramos con unas señoras que le dijeron: "Don Gerardo ¿el niño es hijo suyo?" él respondió con sorna soltándome la mano: "Es un amiguito". Tal vez pensó que nunca entendería.

Con él aprendí a ver caballitos en las nubes tirado en la manga del frente de la casa y alli me iba a ver pasar estrellas por el firmamento.

Mamá apenas mecía la cabeza desde la ventana y decía, desesperanzada y triste: "¡A quién le habrá salido este muchachito!"


*


agosto 28, 2009

Coctel del día

Luis Fernando Gutiérrez-Cardona



Un huevo de gallina
Pelos de pubis y de las axilas.
Esperma de chivo
Un ciempiés
Una luciérnaga
Resina
Toronjil

Abra el huevo cuidando de no romper la yema. Retire la clara. Deposite sobre la yema la resina y el toronjil; añada las cenizas de la luciérnaga una vez asada (claro, si no la asa no tendrá cenizas). Añada el ciempiés (sin asar claro, si lo asa no tendrá ciempiés). Deposite el conjunto en una vasija. Mantenga todo perfectamente tapado durante tres días y tres noches.

Sírvase en una bebida fresca.

Con ello obtendrá el amor de cualquier persona.


El problema puede ser conseguir el esperma de chivo, porque ha de ser fresco. Usted verá si las ganas justifican la embestida, la patada y el besito. (Ningún chivo se dejará si no es por un besito, al menos).

Es posible que al beberlo ella (él) diga "¡guácale, un pelo!". O confunda el ciempiés con una mosca. Hágase el loco. O dígale que es el gusano del tequila.

Pasados unos minutos, pídaselo.

Si no se lo da, el coctel no sirvió por su falta de fe. Hágase el loco.

Si se lo da, que es lo que tiene que suceder si tiene fe, hágalo como loco.

¡Salud!

*

junio 27, 2009

Soy libre



Luis Fernando Gutiérrez-Cardona


No soy libre del minutero corriendo en mi muñeca,
ni de olvidar que es más rápido de lo que yo creía.
—Felipe Parra




(soy libre de hundirme en su mirada
de llenar de sonrisas el campo yermo de mi rostro
—de provocarle algunas—
de llenar su boca de la boca mía
de tener en esta esa boca suya

Soy libre, muy libre, cuando libre
dejo correr las manos por las manos
los ojos por los ojos
las pieles por las pieles
y los humores acuosos solo uno
uno los sabores
los abrazos uno.

No pasa muy seguido, pero a veces pasa.
Como ayer, cuando las yemas de los dedos
que apenas se rozaban hicieron explotar
en siete millones de pedazos mi cabeza.

Se es libre, muy libre en ese punto y tiempo
en que no se piensa ser libre
ni no serlo.)

*