Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
El drama: La detención y la marcha
Los actores: Hermano; Juez
El lugar: Pensilvania
El tiempo: Agosto, 1969
Durante años he querido entender el desenlace de la retirada de la comunidad de los Hermanos Cristianos de San Juan Bautista de la Salle de Pensilvania.
No por el retiro que era previsible dada la deserción de miembros de las comunidades religiosas tras el Concilio Vaticano II, sino por lo que para su estima tuvo que representar el lio que llevó a dos de sus miembros, rectores del colegio que gestionaban, a la cárcel.
Me sorprendió la forma como los dejaron ir de un pueblo que decía quererlos, que se enorgullecía de su presencia y del aporte que habían hecho a su educación, existencia, e infraestructura, exhibidas como modelo.
Salieron de madrugada, no por la puerta de atrás puesto que el pueblo tiene solo una, pero sí en silencio, sin decreto de honores, sin lamentos, sin misa de despedida, sin merecido homenaje ni palabras alusivas al acto; no subrepticiamente, pero abandonados. Le pregunté a mi padre que tenía influencia política qué pasaba entre bambalinas y solo me respondió: hay que respetar la justicia, aunque no nos guste.
El apresamiento de los hermanos lo fue en un proceso que el juez local avocó por denuncia de un visitador del gobierno.
Cuando uno de los acusados expuso en público lo que pensaba de la ingratitud notoria, y de la persona del juez -no se puede descartar una estrategia de la defensa para lograr el cambio de radicación del proceso- este respondió como ofendido en el mismo terreno. Abandonó el sitial en que hablaba mediante decisiones de juez e investigador, sustentadas por razones jurídicas apoyadas en revisiones por sus superiores, para rebatir a su reo y desgranar una diatriba de respuesta. Los escritos fueron reproducidos en la revista El Hacha que los publicó a instancias de uno de los hijos del juez según allí se afirma.
El caso se resolvió en un tribunal de Medellín a favor de los acusados, según se entiende de alguna fuente, por inexistencia de dolo. Habían, cito, 'jugado a robinhood cambiando de unos que no lo merecían a otros que, según ellos, sí, algunas becas otorgadas con nombre propio por el gobierno'. O, menos romántico, destinado esas becas a pagar gastos de su finca de Betania.
La exposición de reclamos sirve para mostrar una historia oculta: la de que el paso de los hermanos por el pueblo a lo largo de casi setenta años, desde 1905, no fue un jardín de rosas sino que atravesó crisis por pobreza que describe en detalle el Hermano, y reconoce el juez en su carta: "vestían roídas sotanas, zapatos que ellos mismos remendaban y su reloj era el sol, el mismo reloj de los campesinos..." Tras ese reconocimiento ataca: [no como los de ahora que] "algunos, abandonando su hábito o sotana se hubieran entregado a ingerir licor públicamente, pagando cuentas "por todos", llegando hasta lugares prohibidos."
Sobrevive, medio siglo después, la imagen de la comunidad de la Salle en Pensilvania. Su presencia es activa y actual, se la enseña y recuerda a cada generación. Se reconoce en el nombre que acordaron ponerle al colegio que conocimos los de entonces como Colegio Nacional de Oriente, después IES-CINOC, sigla anodina, y a partir de una sede diferente, aún en construcción, el de uno de aquellos educadores: “Hermano Estanislao Luis”. Flaca forma de regreso o agradecimiento de lo que alguna mañana de algún día de inicios de 1972 se fue con ellos: una estatua de San Juan Bautista de la Salle que formaba parte de sus escasas pertenencias personales que no quisieron dejar, como quien no quiere dejar otros rastros que aquellos de la memoria. Se la llevaron con ellos, con razón, según el permiso de transporte de corotos que conocí, pues lo expedí, sorprendido, cuando uno de los hermanos llegó a pedirlo de manera lacónica sin el más leve asomo de reconocerme como reciente alumno suyo
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El Hermano Jaime Gutiérrez Álvarez siendo Rector en Medellín del Colegio La Salle en el barrio Campo Amor de mucha influencia de microtráfico, se enfrentó a las bandas y descubrió que uno de sus alumnos suministraba la mariguana y lo expulsó; fatal decisión, el joven regreso y lo acribilló en la puerta del colegio. Un proceso, pero de canonización, le vendría bien.