Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.
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agosto 24, 2007

La Palabra Enemigo




Jaime Jaramillo Escobar




Cercar, acorralar, aprisionar, aislar, apartar, amurallar, son todas características de la conducta humana, inherentes a su maldad.

De la valla de alambre estamos tan orgullosos como de los límites morales y de las fronteras políticas con que hemos dividido el mundo.

Enemigos por naturaleza, la hostilidad muestra los dientes en nuestra boca, y nos pasamos el tiempo dividiéndolo todo en compartimientos y casillas, con nuestra alma enclaustrada.

Fraccionamos las casas en piezas, todas nuestras habitaciones están llenas de closets y gavetas, y nuestros trajes de bolsillos para esconder las manos y la piedra. Y ya antes habíamos dividido la ciudad y el campo de todos en reductos privados, escondrijos y cuevas. No somos como los pájaros, y tratamos de imitar más bien a los animales subterráneos en nuestras celdas y madrigueras.

Tenemos el alma llena de subterfugios y vericuetos, la intención plena de reconditeces inconfesables, el habla de artimañas y mentiras, y guardamos el libro debajo de la axila. De todo lo cual estamos muy orgullosos y lo enseñamos a nuestros hijos.

Para nosotros “defiéndete” quiere decir “ataca”, y es tal nuestra desconfianza y agresividad que todas las casas tienen puertas.

Enjaulamos al pájaro como a enemigo, y cercamos el árbol para que nadie sino nosotros, podamos comer de su fruto. Lo hemos dicho a nuestro semejante: de este árbol no comerás porque es mío, en él tengo enrollada una serpiente.

Agrupados en bandos para hacernos la guerra, asociados en camarillas para devorar el mundo, el codo del vecino nos estorba, nos estorba el alero de su casa, y nuestro vecino es nuestro enemigo si no es nuestro esclavo.

No queremos amor sino dominio y echarnos al bolsillo la llave de las vidas ajenas. Nuestro interés y nuestra ambición no tienen límites, nuestro orgullo y nuestra codicia tampoco; pedigüeños y llorosos, implorando en los altares día y noche, ni dormimos ni dejamos dormir a los dioses.

Nuestra repugnante crueldad ha puesto sus armas en nuestros blasones, los muertos son nuestra vanagloria, y la devastación la prueba incontrastable de nuestro poder. Nuestro reino se compone de todo lo robado. Hemos despojado y encarcelado a nuestros enemigos. Porque somos el enemigo de nuestro enemigo no habrá paz en el mundo, y nuestra profesión será siempre la rapiña.

Esto para mí, esto para mí, esto para mí, tal es la base de nuestra contabilidad. No sabemos contar sino en primera persona. Y hemos hecho las máquinas para que cuenten en nuestro nombre. Nuestra ansia de devorar es tanta que hemos convertido a dios en obleas.



noviembre 08, 2004

Alheña y Azúmbar

De Jaime Jaramillo Escobar


“¡Ya no más –por favor– las aburridas descripciones de semillas tropicales!” - Gabriel Jaime Franco




La digestión de la pulpa de coco demora cuarenta días y cuarenta noches. Ni mucho, ni poco.
Al plátano hartón de cáscara roja le falta un grado para ser veneno. Compadre, no coma coco.
Si se ha comido banano y se tomado ron, muerte segura. Nadie comió. Ni yo tampoco.
La pepita de la pitahaya si la comes no la muerdas, si la muerdes no la tragues; si la tragas, allá tú.
La pepita de la granadilla si la tragas se te embucha. Para que no se te embuche, mejor que no comas mucha.
La pepita de la granada no es como la de la granadilla. La pepita de la guayaba no es como la de la granada. Y la pepita de la papaya no es como la de la guayaba. Es como la de la papayuela, pero más dulce.
Si es más dulce es más sabrosa, si es más sabrosa es más cara. Para que no sea más cara no compre papaya ni compre nada.
La pepita de la guanábana es como la de la chirimoya. Y ambas son como la de la calabaza. Cuando a uno le dan calabazas no le dan chirimoya ni le dan papaya.
Las pepitas de la guama se usan para hacer zarcillos, quiero decir que se utilizan como pendientes, o mejor dicho lo que quiero decir es que los chicos se las cuelgan en las orejas.
Trae el corozo una nuez, trae la nuez una almendra, pero la almendra de la nuez no es como la nuez del corozo. Si no se entiende que no se entienda.
La ciruela se lava, pero no se pela; el madroño se pela pero no se lava. Para saber si una fruta se lava o se pela hay que consultar el diccionario. El diccionario tiene la palabra. Pero si no la tiene será que le falta una página.
La pulpa de la algarroba se ataruga y se atraganta. Si tomas agua se forma una pasta y se te pega en la garganta. Con la garganta atragantada tratas de ver si resuellas o si no resuellas nada. Si no resuellas mortus est.
El icaco es una fruta especial para diabéticos: no tiene azúcar, ni tiene harina, ni tiene icaco ni nada.
El que come patilla oxidada seguro estira la pata. Para no correr el riesgo es mejor comer sandía. La sandía es una fruta sandia.
El tamarindo es la fruta que más me gusta porque es de negros y de tierra caliente. Qué sería de los blancos cuando van a tierra caliente si los negros no les sirvieran refrescos de tamarindo. Con el sabor áspero del tamarindo se forman bolas ácidas recubiertas de azúcar que sirven para vender en las calles de Cartagena y se hace una miel espesa de tamarindo para lamer sobre hojas de plátano. También se hacen sorbetes para el arzobispo y además el árbol de tamarindo produce una sombra verde y fresca para construir un banquito y sentarse alrededor del tronco. El tamarindo es un tronco de árbol copudo completamente lleno de tamarindos. Sólo los negros lo pueden coger porque no es fruta de blancos. Si los blancos tuvieran tamarindo entonces los negros serían blancos. Pero no puede ser.
Hay muchas frutas que son de negros. Dios les dio a los negros la tierra caliente y las frutas porque Dios tiene predilección por los negros, eso es evidente. A los blancos los puso en tierras frías para que se resfríen, pero ellos inventaron la aspirina y las cobijas de lana. El níspero y el mamey son frutas de negros. Y el zapote también. Pero lo que pasa es que a los blancos siempre les ha gustado comerse la comida de los negros. Y la música de los negros. Y los bailes de los negros. Y las negras de los negros.

Sigamos: mi negra se emperejila, se emperespeja, se aliña,
Con alhucema y albahaca, con cidrón y toronjil,
Con lavanda, con canela, con loción y con anís.
Mi negra tiene un meneo que no cabe por la calle,
Mueve el tacón y la punta del zapato y ese baile
Derrama tantas fragancias que no caben en el aire.
Mi negra es alta y esbelta, muy lucida y bien plantada,
Su cuello es tan largo que anda su cabeza por el aire.
El donaire de mi negra no cabe en ninguna parte.
Mi negra tiene ojos blancos, dientes blancos, calzones blancos,
Calzones en diminutivo, calzoncitos, prendas íntimas…
Yo no sé qué tienen de íntimas si las anda mostrando por todos lados.
Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda,
No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre, aunque sea un concepto. Mi negra no tiene conceptos, ella nació y se crió desnuda, y por lo tanto no se puede vestir completamente porque mientras más se viste más desnuda queda.
Mi negra se aceita el codo, se pule el pelo, acicala,
Se emperimbomba, se tiñe, se sahúma, se apercala,
Se va de rumba y regresa cuando está la noche alta.
Yo no sufro por mi negra. ¡Cómo me alegra mirarla!
Mi negra camina en versos de cuatro o cinco tonadas,
Su habla es un canto largo, con las palabras cortadas.
Mi negra es dulce por fuera. Por dentro yo no sé nada.
Por dentro mi negra tiene alguna cosa guardada.

Agüita de manzanilla,
Tisana de ron y eneldo,
La raíz del limoncillo
Y un manojito de espliego.
El aire huele a linaza
Con astillas de canela.
Con alheña y con azúmbar
Viene pintada mi negra.
Pintada no es la palabra,
Viene más azul que negra,
Como esculpida en el aire
Durísimo de la piedra!

*