Recto, no enderezado
Luis Fernando Gutièrrez Cardona
Releo Libro VII, 12. de las Meditaciones de Marco Aurelio: “Derecho o enderezado.” Toda relectura es una mejor lectura. Avanzo, pero me devuelvo. ¿Qué quiere decir esa frase? Descubro que en realidad es “Recto, no enderezado”. Ese “o” desvía por completo. En principio pensé en el derecho jurídico, en normas que se ajustan cuando la realidad las desborda, en la flexibilidad de lo humano. Pero el griego original no deja dudas: ὀρθὸς, οὐκ ἀνορθούμενος; οὐκ, negación pura. No alternativa. No bifurcación. Solo esto: recto, no enderezado. El latín lo confirma: rectus, non erectus. Sin ambigüedad.
¿No es esa frase una negación de lo humano? Porque lo humano es torcerse, corregirse, pedir disculpas, volver a empezar. Lo humano es enderezarse.
La traducción defectuosa —ese “o” que nunca debió estar ahí— termina siendo simbólica. No me equivoqué al leerla: estaba mal. Y al encontrar la forma correcta, también la juzgué con injusticia, pues Marco Aurelio se lo escribe a sí mismo: su rectitud es aspiración, no descripción.
Leemos desde nuestras torceduras.
La frase puede sonar a exigencia absurda o a nostalgia. O a un recordatorio de que existe un punto interior donde uno no se traiciona. No es virtud ni disciplina: es una manera de no doblarse ante uno mismo.
¿Qué es lo recto? No en un sentido moral —eso sería demasiado estrecho— sino ontológico. ¿Qué forma tiene eso que uno traiciona cuando se dobla?
Para Marco Aurelio, lo recto es la razón compartida, el logos que atraviesa todas las cosas y al que el sabio procura no contradecir. Pero esa respuesta supone un orden dado, una arquitectura del mundo que uno habita o abandona.
¿Y cuándo empieza uno a torcerse?
La pregunta presupone una línea recta anterior, pero la experiencia dice otra cosa. Lo humano viene así: mezcla de deseo y miedo, de lucidez y autoengaño.
Tal vez por eso la frase de Marco Aurelio inquieta. No porque exija demasiado, sino porque parece hablarle a algo que reconocemos sin haberlo poseído nunca. Como si, aun torcidos, pudiéramos distinguir la línea recta cuando la vemos.
Quizá la rectitud no sea un estado ni un recuerdo. Quizá sea una dirección.
Tiene razón Gesualdo Bufalino cuando dice: "No conozco voluptuosidad más punzante que leer, no ya un libro de principio a fin, sino, pescando al azar, aquí una página, allá un renglón, estando de pie ante las cascadas prodigiosas de una biblioteca."
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Ayer mientras veía fútbol ojeaba Meditaciones, las notas del emperador Marco Aurelio. Así, al paso, solo por tener algo que hacer mientras un saque de manos sucede a otro y una patada a otra... Me encontré con algo que me hizo regresar. Una frase de tres palabras que investigué durante horas y de lo que salió este breve ensayo.










