Uno puede acariciar un oso con la mano. El oso hará lo mismo, con sus zarpas. Uno quedará desollado, masa sanguinolenta sin espíritu. El oso, agradecido, se retirará con sus oseznos.
*Podré decir, el día de mi muerte, como Nerón al entrar en su Domus Aurea: "al fin puedo vivir como un humano".
*

No hay comentarios.:
Publicar un comentario