Que alguien no lo quiera a uno es perfectamente irrelevante. Uno es quien libremente quiere y no puede obligar a nadie a hacerlo.
Es doloroso cuando se ha asumido ese querer porque no requiere mente o se considera un derecho.
Pasa que en algún instante se descubre una verdad subyacente que se intuía pero de la cual no se tenia certeza. ¿Por qué tendría el descubrimiento que cambiar las cosas? Lo que ya existía no cambia por haberse sabido. Quizás sea incomprensible, pero no para mi.
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No cuides, no medites, no emplees
un solo esfuerzo en cuanto ames o niegues.
Nada es nuestro —ni nosotros, pues un extraño Hado
manda—. No vas por la calle: la calle sigues
Fernando Pessoa
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