El milagro de existir
El instinto de buscar
La fortuna de encontrar
El gusto de conocer
La ilusión de vislumbrar
El placer de coincidir
El temor a reincidir
El orgullo de gustar
La emoción de desnudar
Y descubrir, despacio, el juego
El rito de acariciar
Prendiendo fuego
La delicia de encajar
Y abandonarse
El alivio de estallar
Y derramarse
Y el amor
El amor
El amor
El amor
El amor
Pude tener un doctorado en Serrat. Tuve toda su discografía como correspondía: en elepes, casetes, cd, videos. Lo seguí de ciudad en ciudad en conciertos. Estudié detenidamente sus letras en castellano o catalán. Escribí sobre ello. Ahora todo está en el aire y los discos son estorbo en alguna caja de la pieza del rebujo. No se retiró a tiempo, apenas ahora: en los últimos años no cantaba: musitaba, tembloroso, escudado en Joaquin Sabina como si desconfiara de su peso específico. O en el recuerdo. O como si este hubiera pasado al igual que quienes lo seguimos en su decurso vital. Aún acompaña mis tardes de lecturas o dejadez, y no dejo de descubrir nueva poesía en su poesía. Con sus canciones levanto una mirada al tiempo recorrido. Sin nostalgia. Con una gran sonrisa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario