Algunas mañanas sin razón al despertar te encuentras con un corazón angosto, con algo atrancado en el alma. El cielo despejado e iluminado se siente nublado y tormentoso. No le encuentras el sabor al café. Sientes la velocidad del universo, captas el giro de la tierra; mareado, sabes que navegas un tubo oscuro. No. No navegas, resbalas. Los afectos se muestran como son. Te sabes existencia intrascendente, inútil. Mientras, suena una obra de Bach para violonchelo. Caminantes en el vacío la gran cosa que es vivir se va desprendiendo de sus ataduras segundo a segundo.
Si, hay días en que somos lúgubres muy lúgubres...
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