Los tiempos se hacen dificiles. Todos lo son, pero la consciencia de la dificultad crece con el acumular los años. Se apagan quienes se quiere. Estos que ve ahora no son los que se quiso. Pierden sus causas, sus anhelos, sus convicciones más íntimas, sus fuerzas. Se sabe uno en el camino. Se entristece.
La ciudad, el lugar habitado por personas, es más hostil, más lleno de apariencias.
La presencia obedece a un esquema. Los encuentros lo son de lejanías, con algo-alguien hay que llenar espacio.
Las sonrisas forzadas, las miradas vacías, los silencios rotos a la fuerza, el encantamiento de la huida.
Las mesas-islas. Los no lugares. Las presencias ausentes.
El que-bueno-verte-quién-es-este.
Con razón el pasar. Con razón el pesar.
El que vino no es el que era, ni el que era está ya aquí.
La vida es un túnel, de luz a luz. Se paga para recorrerlo, a la entrada o a la salida.
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