Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

marzo 25, 2026

La aduana de la otredad


La Aduana de la Otredad

Crónica de un viaje interespacial

Luis Fernando Gutiérrez Cardona


La aduana de la otredad

El ascensor es un espacio de un metro cuadrado donde doce micro‑universos coinciden en una trayectoria vertical. Es una aduana de la otredad. Reglas implícitas: caber sin tocarse, compartir el aire sin inquietarse. Es el reino del disimulo. La distancia física es mínima; la humana, de años luz —como si el rostro del otro no nos llamara.

El saludo no surge: hay que provocarlo. Se responde aunque a veces raspa como grieta en el muro del silencio. Las miradas se evitan. Los ojos, atados por un “no molestar” digital, se hunden en los teléfonos. Algunos los usan soltando molestos dramas domésticos o de trabajo. A un metro por segundo, el viaje es breve; las paradas, eternas.

La mente —cosa seria— decide en esas cajas de acero. Uno entra sin saber qué hará. Al abrirse la puerta, ya lo sabe: destellos provocados por el afán.

Subo en el piso menos dos, como cada mañana a las siete. En el primero, el vacío se llena de cuerpos que no alcanzan a ser personas: figurantes en una coreografía de calaveras. Entre ellos, dos traían un hilo de vida: un chisme que vibraba en el aire estancado. El cuento iba a quedar inacabado por el piso de llegada.

Y ahí cometí la transgresión.

—Sigan, no importa —dije—. Esto vuelve y baja. No nos dejen con el cuento a medias.

Estallido de humanidad. Todos rieron. Los viajeros interespaciales recordaron que tenían piel; relajaron los brazos. Había suspendido la ley del tiempo para honrar el derecho al relato: acoger a otro en su narración completa.

—Tan gracioso ese señor y lo serio que es —dijeron al salir.

O sea que me habían visto muchas veces. Sabemos quiénes somos pero lo eludimos.

La historia en sí no se recordará pero quedará ese momento: algo más de un metro cúbico que pasó de celda a café en el aire, donde el ser se reveló en la risa compartida de un instante. “Me pasó algo divertido en el ascensor…”, contarán, como yo hago.

Viajeros en la eternidad de catorce pisos somos masa diluida en autocomplacencia, miedo y norma. No hay que ir a Próxima Centauri para un viaje largo: el espacio está en el encuentro que se evita.

Mañana, tan desconocidos como siempre, los rostros crispados, los dedos marcarán pisos con urgencia, los ojos encadenados al celular, las espaldas como horizonte.

Para no ir lejos, basta con no dejar que el cuento de otro quede a medias.


---

#filosofía cotidiana #crónica #otredad


No hay comentarios.: