Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

abril 30, 2026

El turno no autorizado de la mente

 

Dichosos quienes, como yo, vieron y vivieron el atardecer y el amanecer

Luis Fernando Gutiérrez Cardona

 

Cada día la pregunta inevitable: ¿Qué tal tu noche? Y la respuesta desganada pero cierta: música, letras, sueños extraños. Imágenes que dan vueltas. Esa duermevela estable. Ondas cerebrales tangibles. Y así. Y así.
—“Bien, normal”— se responde, con una eficacia admirable, como si nada hubiera pasado. Pero por dentro, el laboratorio no pidió permiso.

Ese “y así… y así…” es casi un ritmo: la noche no termina de cerrarse. Queda suspendida en una penumbra habitable —cómoda, incluso, si uno no hace muchas preguntas. No es descanso pleno ni vigilia clara. Es un territorio donde las ideas no se dejan ordenar ni desaparecer. La música —la que suena o la que insiste por dentro— se mezcla con frases a medio escribir, con imágenes que no alcanzan a ser sueño ni recuerdo. Uno es testigo de un desfile que no pidió, pero presencia con cierta disciplina.

Las ondas cerebrales son precisas: se pueden tocar, el pensamiento se hace materia leve, vibrante. Las ideas se mueven, se rozan. Se palpan, como quien toca una cuerda para comprobar si suena. Ese estado es fértil —nadie podría negarlo— y cobra un precio: el cuerpo no descansa. La mente sigue.

Uno apaga la parafernalia tecnológica que lo rodea: pantallas, teléfono, lámpara. Gesto suficiente, en teoría. Pero nada se apaga del todo. Ni uno consigue apagarse. Al fondo, una lucecita brilla. Registra. Esa luz —la del módem— no alumbra: permanece, como quien cumple su turno sin entusiasmo. Se la tapa con un papel, un libro, una prenda. Y sigue. Persiste. No insiste: está.

El mundo late, y uno queda ahí, en ese claroscuro donde no duerme, cuanto más dormita. Algo pasa a través:  la noche también tiene pendientes. “Bien, normal” no es cierto, pero funciona como escapatoria.

La noche no es ya noche. No es oscuridad. Es evocación antigua y luz artificial que, sin iluminar, vigila y excava más profunda la tumba de lo humano. La noche no es ya noche. No es oscuridad. Es una vigilia ajena que avanza, ocupa, sustituye. El agobio cesará, sí: cuando ya no haga falta quien lo sienta.

Y así. Y así.



 

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