No veo la humanidad. Veo cuerpos
(manifiesto antisténico para tiempos de abstracción asesina)
Luis Fernando Gutiérrez Cardona
1. El caballo y la bomba
Antístenes dice: «Platón, veo un caballo, pero no veo la caballidad». Con eso liquidaba la teoría de las Ideas. No hay esencias flotando en el cielo. Solo hay caballos que sudan, cojean, corren o se desploman.
Hoy deberíamos decir: «Veo un hombre destripado por una bomba en Gaza, veo una mujer que huye de su casa quemada en Ucrania, veo un niño asesinado en Irán. Pero no veo la humanidad». Y cuando anuncian que «la humanidad va a la Luna», mienten. No es la humanidad. Son unos nombres más o menos anónimos. Ahora no fueron: le dieron la vuelta. La humanidad caga en letrinas mientras ve el espectáculo en una caja. Y Miles de millones se hacen humo.
El lenguaje no es inocente. Hablar de «humanidad», «cultura» o «progreso» suele ser la forma elegante de ocultar un cadáver.
2. Desaparecer una cultura en una noche
Escuchamos al líder, rodeado ya no por esvásticas sino por plásticos dorados, decir que hay que «desaparecer una cultura de locos bastardos». Antístenes preguntaría: ¿Qué es una cultura? ¿Un conjunto de canciones, rezos, recetas de cocina, formas de atarse los zapatos? Eso no se borra en una noche.
La solución final contra noventa millones de personas y una tradición milenaria necesita más de una noche. Y de un loco.
El truco es el mismo: disfrazar la violencia con un nombre. Antístenes diría: «No digas “eliminamos una cultura hostil”. Di “vamos a matar a estos hombres, violar a estas mujeres y quemar sus casas”.
Putin no dice literalmente «Ucrania no existe». Dice que «nunca tuvo una condición de Estado real». Pero quiso decir: Ucrania no tiene derecho a existir como nación. «La gente que vive allí no tiene derecho a decidir, a respirar sin mi permiso». Pero he aquí la verdad concreta: Ucrania no existe. Lo que existe es ese soldado que se desangra en una zanja. Pregúntale a él si existe.
Negociar imposiciones —un oxímoron en sí mismo—.
Y la sangre es más real que todas las palabras.
3. La frase más estúpida del mundo (dicha por un hombre con corbata hace unas horas)
Hace unas horas, el negociador de Estados Unidos con Irán declaró ante los medios: «No hemos avanzado en las conversaciones porque no han aceptado nuestras condiciones». Y se va a casa, satisfecho, creyéndose brillante.
Es difícil concebir una frase más estúpida. Por falta de inteligencia, y por falta de pensamiento. Hannah Arendt llamó a esto la banalidad del mal: el verdugo de corbata que rellena formularios mientras los trenes parten.
Traduzcamos la frase al lenguaje de los cuerpos:
· «No hemos avanzado» → Seguimos lanzando explosivos sobre gente que sangra.
· «No han aceptado nuestras condiciones» → Exigimos que el otro haga lo que decimos. Como no lo hace, nosotros seguimos destruyendo y matando. Y encima le echamos la culpa.
La frase entera, puesta en tierra, suena así: «Seguimos matando gente porque la gente a la que matamos se niega a firmar un documento que dice que acepta que la matemos con derecho».
Eso es obscenidad. El hombre que lo dice se va a dormir, convencido de haber cumplido con su deber. Eichmann también dormía tranquilo. Eichmann también dormía tranquilo.
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