Tengo ganas de ti solían decirse en lenguaje cifrado. Bastaba una mirada, cuatro letras en una hoja de papel o la pantalla en blanco. Cuatro letras, solo una más de las que tiene la palabra adiós que selló como una lápida la tumba del amor. El adiós está como pocas otras cosas en la palabra adiós. Una palabra seca, cortante, contundente, definitiva. Compromete a quién la dice y si quien la recibe es consciente compromete mucho más por respeto y devoción. Frente a un adiós escueto caben el odio, el olvido o la indiferencia. Pero eso es personal: también cabe -íntimo, callado- un 'me haces falta'.
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