Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
Hace tiempo no quiero conocer más personas. De hecho mis redes tienen menos de diez amigos que no he eliminado porque siento por ellos afecto aunque personalmente nunca hayamos compartido, salvo alguna vez, un café afanado. Quizás no estén más antes de acabar el año.
En el tiempo has estado tu, mi familia, mis libros, mi música, mi soledad, algo de imágenes, y el viento.
Leo, subrayo, medito, escribo, vuelo, construyo con palabras frases y gestos que nadie entiende; trabajo a veces demasiado. Si hay oportunidad, viajo y observo.
Miro. Miro alrededor, miro al interior, miro al infinito.
Intento no juzgar lo cual no es muy humano y por tanto no se logra.
Me acepto a sabiendas de lo que llevo dentro y fuera. No soy mi creación básica y lo demás es y será el destino.
Pienso en la muerte; me interesa morir pero hay mucho de injusto en ese interés. Uno es dos, tres y también cuatro y cinco y todo.
Se vive tanto como se es capaz de liberarse de si mismo, porque donde uno vaya va con uno, y si no logra salirse todo es lo mismo: verse al ver es algo que hay que evitar al viajar no importa si dentro de si mismo, si lejos, o si al barrio del lado. Cada cuadra, cada instante, es un descubrimiento aunque se recorra a pie todos los días.
Quiéralo o no, encontraré una valla en el camino, una señal de no pasar y tantas despedidas como saludos. Todo hola no es más que el arranque de un adiós.
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