Epicuro

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Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

enero 15, 2019

Pretas



Sobre los Espíritus Hambrientos -
Por Piya Tan

Uno de los problemas más profundos y perdurables de la religión es la muerte. Más exactamente, ¿qué pasa después de la muerte? Para los budistas educados en el budismo temprano, la respuesta es clara: solo hay cuerpos muertos, no seres muertos. Todos renacemos cuando morimos.
Nuestro renacimiento se decide inicialmente por el momento de nuestro proceso-pensante que está muriendo. Si nos enfocamos en pensamientos negativos, tendremos un renacimiento negativo en algún reino sub-humano: renaceremos como un asura, un preta, un animal o un ser-infernal. Sabemos que el reino animal existe, ¿pero que hay sobre las otras dimensiones?
Una forma útil de interpretar estos reinos, es considerarlos como estados psicológicos que nos oprimen.
De este modo, un ASURA es un ser de tipo demoníaco, violento, que siempre está sopesando a otros con la finalidad de utilizarlos para obtener poder, placer, o satisfacción (lo que nos recuerda a una persona abusiva, desalmada y autoritaria.
Un ANIMAL, psicológicamente, es una persona que conduce un ciclo de vida predecible, que consta de comer, dormir, cazar, buscar pareja, reproducirse y morir. Esta persona es inconsciente de las carnadas y los anzuelos, y por eso es atrapada y engañada con facilidad. Casi nunca piensa, y debido a esto puede ser explotada, maltratada, e incluso consumida con facilidad.
Un SER-INFERNAL, psicológicamente, es una persona que vive en una situación prolongada de violencia, matanza, pérdida y dolor. Esta persona nace en una zona de guerra, literalmente en un entorno explosivo, perdiendo miembros y muriendo prematuramente al recibir bombas, disparos, o por asesinato.
Un PRETA, psicológicamente, es alguien adicto a algo, pero al igual que todos los adictos, nunca encuentra satisfacción (A menudo es representado en el arte religioso con estómagos enormes, con cuerpos delgados y planos como una hoja, y con bocas del tamaño de la punta de un alfiler.) Las personas adictas al sexo, a la comida, a los placeres, a las bebidas, a los cigarros, o quienes coleccionan cosas irreflexivamente, serían habitantes de este reino. (Los que coleccionan e intercambian estampillas o cosas por el estilo, en general no entran en esta categoría.)
Los pretas están al último, porque los analizaremos durante lo que queda de esta reflexión. Un estudio cuidadoso de las fuentes tempranas budistas, nos muestra varios niveles de desarrollo de la creencia en los pretas. El primer nivel, es simplemente la noción pre-existente brahmánica del “difunto” (que es lo que la palabra PRETA significa originalmente)
El (Saddha) Janussoni Sutta (A 10.177) nos dice que siempre habrá “difuntos” que sean nuestros parientes (imagina nuestra red samsárica de parientes), y que podemos dedicar nuestros actos de generosidad y bondad hacia cualquiera de ellos. El Tirokudda Sutta explica como un preta es elevado de sus sufrimientos por nuestra propia alegría espiritual (especialmente por el amor benevolente), y que podemos dedicarle méritos, no solo a nuestros parientes, sino a cualquier ser presente. Ambos sutras muestran la vital importancia de que debemos orar por los que han partido. Los cantos mecánicos y discordantes de los sacerdotes profesionales que carecen de virtud moral y amor benevolente no son de ayuda.
Cuando el Budismo llegó a China cerca del siglo I EC, las historias sobre los pretas fascinaron a los Chinos, que ya estaban establecidos en la piedad filial del Confucionismo y en la creencia Taoista de los espíritus. Estas historias a menudo eran citadas para responder al criticismo de que el Budismo era una religión “extranjera” que carecía de piedad filial.
Los primeros budistas en China crearon el imperecedero mito de Mulian (basado en la historia de Moggallana) para inspirar la piedad filial. La madre de Mulian, dice la historia, renació en el infierno como un espíritu hambriento debido a su mal karma. Mulian realizó un acto de generosidad a la Sangha (orden monástica) y la liberó de este modo.

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