Es maravilloso verlos nacer, crecer, consolidarse, multiplicarse y estar ahí. Crecer es hacerse cargo de sí mismo, ser consciente, cambiar. Consolidarse es, además de lo anterior, ponerse en ciertas bases y fundamentarse teniendo ya la roca de apoyo, fijar en ellas convicciones y, claro que si, una que otra creencia menos inamovible. Multiplicarse es ser válido para muchos. Estar ahí, querer.
Aprovechar el lado del impulso, que por fuerza llegará el de la caída y la detención en algún blanco siempre imprevisible. Esta detención se ve lejana pero el recorrido de la flecha es un suspiro.
No desmayar en los amores, no escudriñarlos para encontrarles defectos que las cosas cambian de lugar en el universo permanentemente; dejarlos pasar si pasan, sin resquemores ni falta de nobleza.
Desear existir.
Y ser conscientemente humano, muy humano, sin dejar jamás de reconocer que los otros también lo son.
Es inevitable, al expresarlo, sentir alegría, nostalgia, saudade, miedo y sabor de despedida.
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