No importa cuanto tiempo pase ni que haya creído que ocurrió ni con cuanto estoicismo lo asumí. De improviso emerge la causa que aunque falsa se da por cierta. Lo cierto se descubre falso. Surge, sin más, en una circunstancia casual la culpa no sabida. Por al menos veinte años esa verdad ficticia me eludió. Enfrentado con ella en una curva cualquiera de una carretera suburbana el corazón se llena de ruido, los ojos entristecen, los labios enmudecen. Nunca explorar: bajo las alfombras del tiempo el polvo no es de estrellas. Flores a la tumba.

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