-Vamos al club a la procesión del viernes santo, me dicen. -¿La Semana Santa se sirve a domicilio? No, uno va a la procesión, la procesión no viene a uno. Entonces, sugiero, vamos a ello en algún pueblo cercano. Llegamos justo a las once y nos integramos a la multitud. Fuimos ganando espacio hacia la parte de adelante. Escuché con atención las prédicas y observé la gente. Sin diferencias de ninguna clase bajo un sol generoso marchamos tras las imágenes de Jesús portando la cruz y las que se iban incorporando al avanzar. Andas llevadas por jóvenes cargadores. Padres muy jóvenes llevan en brazos a sus hijos, hombres mayores y mujeres que se arrodillan cada pausa me traen la imagen de mi padre haciendo lo mismo conmigo y mis hermanos. Siendo largo el camino en realidad no fueron más de diez cuadras hasta llegar a la plaza y recibir la bendición frente a la iglesia. Sin fanatismo pero con evidente fe la gente que marchó unida se desperdiga y ya en plan de turistas fuimos a ver lo que el pueblo ofrece a la vista y el gusto.
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