Es sorprendente que un espacio tan corto de vida acabe por llenar la vida; que de verdad los amigos de juventud sean verdaderamente eternos. Un recuerdo mueve otro así como que nunca acaban los tesoros que guarda la memoria. El equipo se llamaba Real Juventud. Usaba un uniforme blanco y rojo y reunía las estrellas locales del momento. Me consiguen una fotografía de entonces. Del año 68 tal vez, en la que están Carlos Alberto Aristizabal, Carlos H., Oscar Eduardo C., Mario R., Augusto A., Humberto Z., James M., John M., Alvaro G., Alfonso Z., Segundo Alfonso Z., Carlos Fernando R., y Alfonso A.. De algunos fui amigo con quienes anduve infinidad de veces en transversal el parque o fuimos compañeros de fiestas en el club piamonte o de cartas en el pensilvania. O compañeros de salón, aún coincidentes en el abrazo y tertulianos de la red. No jugué fútbol jamás. Mi escueta presencia física no daba para ello, además vivía en la luna, pero compartí su orgullo de equipo ganador.
No hay amigos, me dijo alguien estos días y me sorprendí replicándole que estaba equivocado, que si los hay. La clave, pensé después, es la inexistencia de intereses específicos -como pasa en la primera juventud- pues estos si cambian y desestabilizan. La amistad surgida de estos también lo es pero principalmente es otra cosa..
Hay cosas que no tienen que sobrevivir pues son la vida.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario