Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

enero 09, 2026

Teoría del Desprendimiento

 


 

«Se los llevó la vida…»

Meira Delmar

 

El amigo que no se borra

 

Hay amistades que toman otro rumbo. Un día están en la mesa de siempre, riéndose de los mismos cuentos, compartiendo la misma cerveza; y al siguiente —sin que haya pasado nada visible— empiezan a notarse pequeños desvíos: eluden, prefieren otras compañías y, quizá, conversaciones más aspiracionales. No es que uno no pueda entrar en ese circulo; es que, de pronto, ya no lo invitan.

El desvanecimiento continúa. El que antes respondía en minutos ahora tarda horas, luego días. Las excusas son impecables, de manual: “ha sido una semana intensa”, “estoy tratando de organizarme”, “yo te llamo”. No lo hará. Uno aún no lo sabe, aunque lo presiente. Agradece y espera.

Después viene la agenda imposible. Cualquier intento de encuentro se estrella contra compromisos, reuniones, cenas que no se pueden mover. Se confirma. Algo pasa. ¿Qué hice?

La ausencia y la incomodidad empiezan a doler. Esa leve tensión en su voz cuando responde, como si la cercanía de antes lo delatara ante su nuevo entorno. Como si uno fuera recordatorio inoportuno de una vida previa.

Hay un momento —siempre llega— en que se comprende que ya no se es parte del relato del otro. No porque se haya fallado, sino porque se siente distinto. Es un abandono sin villanos: apenas un ajuste de imagen.

Y entonces ocurre un sismo en el alma.

Un temblor silencioso, íntimo, que no derriba nada, pero reordena. Uno está mientras el otro habita ya otro paisaje. Persistir honra, pero duele.

Quien se deshace de una amistad para ascender, asciende sólo en apariencia. La verdadera altura no se mide por el brillo. Lo que es sigue siéndolo en la profundidad del ser.

Lo que se siente es mezcla de ternura y resignación. Un día —porque el ruido se apague, porque los intereses se asientan, porque la vida hace su trabajo— se recordará la mesa de siempre, el café, la risa. Lo que se dejó no era un lastre, era un hogar.

Si quiere marcharse, es su derecho. Suerte es que le deseo. Uno fija la mirada en el horizonte y sigue su camino.

 


 

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