1.2.2026
Luis Fernando Gutiérrez Cardona
He vivido más tiempo del que imaginé posible.
El año 2000 era un borde, un abismo, un mito, una ficción;
y estoy aquí, en el segundo cuarto del siglo,
viendo cómo las cosas corren por delante del tiempo,
cómo el mundo pierde el paso,
convertido en una mera roca flotante.
Ayer se hunde en una distancia absurdamente breve,
mañana respira en el próximo segundo.
Todo se precipita, nada llega.
Y en medio de esta barahúnda
solo queda intentar detener el vértigo,
dejar constancia de que sigo aquí,
sorprendido —estupefacto— de estar vivo.
Aunque no vivo: me viven.
Después de casi sesenta años vuelven a la luna, y vuelven de ella,
no como aquel fuimos que pretendía abarcar la humanidad entera.
El pequeño gran paso se hizo souvenir,
y ahora la luna solo vale —dicen— como escala para ir más lejos.
Nos estamos expulsando para justificar la estupidez del asesinato del planeta,
el único hogar, aún, conocido en el cosmos… Qué locura.
Y mientras tanto, aquí,
nos asimos a un amor devaluado —o revaluado por el clic—,
por el me gusta fugaz,
por la ternura instantánea que dura lo que un impulso del pulgar.
Un vértigo.
Lfgc
(Let's fucking go crazy)

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