Los abrazos no contienen ni abrigan.
Se niegan en el cúmulo de los pendientes. No porque cuelguen, sino porque uno cuelga de ellos.
Pendejo viene de pender: colgar, caer, inclinarse; estar subordinado, depender, servir. Quedar en vilo.
Y tanto pendiente hunde a uno en ese lodo flotante. Pendejo por destino.
Pegado a lo que falta, los pies pesan más: no transportan, anclan.
Y el día sigue.
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