Epicuro
"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro
"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago
Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.
Luna Luna Luna
Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
Dijo el esqueleto
Transmisión en cadena
Creed mis mentiras
—Allen Ginsberg
El 20 de Julio de 1969 fue un día domingo. Algunas veces hacían
desfile por la independencia pero no recuerdo que aquel día lo hubiese. Eran pocos
televisores en el pueblo. En mi casa no teníamos y don
Alpidio apagó el suyo en la tienda de helados porque le gustaba lucirse. Ese día el hombre desembarcaría
en la luna.
Colombia estaba muy atrás en todo, el presidente era Carlos Lleras Restrepo y
ver el alunizaje se volvió una proeza. Surgió la estación terrena de Chocontá, una antena parabólica apenas más
grande de las que después tendría cualquier edificio pretencioso. Era, para la propaganda oficial, la octava maravilla del mundo. Para captar la señal un avión sobrevolaría el Chocó, la tomaría de Panamá donde los gringos tenían toda la juguetería, "volaría" hasta Chocontá, y así los que tuvieran acceso a un tv
veríamos la cosa.
La cosa fue modesta: hicieron coca cola bailable. Mi hermana Olga Lucia me llevó. No había mucha gente: éramos muy montañeros o muy poco
curiosos. Bajaron el televisor del mezanine del club, al lado del
billar, y lo pusieron en la pista de baile. Sonaban entonces La Piragua y "violencia,
maldita violencia, por qué no permites que reine la paz". Los veinte que allí estábamos paramos de bailar y se vio que unas sombras blancas sobre otras sombras
blancas, brincaron, se supone, en la luna. Sin aplausos, silenciosamente, sin que nadie dijera que estábamos viviendo
la historia. Sin maravillarnos. La imagen -lo supe luego- llegó a un monitor en Australia al que
las cámaras apuntaban, por lo que fue de gran pobreza. Los locutores leían en los
cables de los teletipos aquello que veíamos y repetian la pobre frase que compusieron al efecto.
Fue cincuenta años antes pero cincuenta después el pequeño gran paso se quedó en pequeño porque no encontraron oro ni diamantes o porque no podían
disparar desde allí cañones nucleares. O porque si, ¿quién sabe? La transmisión del hecho acabó pronto. Tal vez era difìcil mantener el avión volando, tal vez la antena del techo se movió. El paseo hasta donde recuerdo dicen que duró un par de horas. No era la luna, en todo caso, lo que interesaba: era el espectáculo. En ello descubrieron la tierra, pero no ha servido de nada: un basurero enorme de plástico y gente, con unos despistados al comando.
Volvieron varias veces pero a nadie le importó salvo por algún fracaso.
El polvero nada impresionante siguió siendo poesía.
Al otro día papá llevó a casa uno de los diez ejemplares de El Espectador, que vendía don Arturo Zuluaga en aquel pueblo cuasi lunar. El titular decía, lo recuerdo muy bien: LUNA, LUNA, LUNA.
El gran salto
para la humanidad -en el sentido humano- está por darse.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario