Me siento como cuando se ve la luna de día. Grande y generalmente ignorada. También como cuando te detienes hipnotizado a ver el atardecer y es bello, colorido y fugaz como la vida. Hoy me dijeron palabras que alentaron mi corazón, entonces amas más a quienes más amas, y también amas a quienes no amas.
Antes del desaliento hay que alentar en otra boca y respirar con su mismo aire, y ver sus ojos mientras ve los propios, y tomarse la manos por los dedos tranfiriéndose energías, haciendo una las de dos... haciendo magia. Se vive, supuestamente, para alcanzar metas, para ser alguien en la vida, para pagar todas las facturas y cuando, por esas cosas, la vida te ofrece un poco más de vida sigues haciendo lo mismo, que, en todo caso está muy lejos de ser vida en libertad. No me hace feliz esto último y menos en los tiempos que vivimos de pandemia y de imposición y de desastre. Lo horrible de la contradicción humana.
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