¿Por qué me miras así?No he venido a quedarme:—Maya Angelou
Era todavía un niño cuando encontré en la mesa de noche de mi padre un libro llamado El enano. Empecé a leerlo y me atrapó. No era todavía tiempo de ocuparme con autores y menos cuando el de este libro, Pär Lagerkvist, resultaba tan difícil de leer y por cierto nunca he sabido pronunciar. Por su cara no creo que don Gerardo hubiese estado muy conforme con mi descubrimiento, aunque tampoco hizo nada por impedírmelo. Inteligente como era tampoco complicó la cosa tratando de darme alguna explicación. Si mi madre hubiese sabido de que iba el libro con seguridad lo hubiese pasado a su índice privado si es que no le hubiese dado un uso más conforme con los tiempos y el lugar y el personaje. Lo he leido un par de veces más con el paso del tiempo. Hoy, en medio de un atasco emocional complejo me vino a la memoria y esculqué en mis recuerdos y luego en el libro mismo que por ahí anda entre los míos: “El amor es algo que muere. Y cuando muere se pudre, pero puede servir de humus para un nuevo amor. De modo que aquel amor ya muerto continúa viviendo una vida secreta en el nuevo amor, y así nos hallamos con que el amor es inmortal”. No es tan así, lo se. El amor no solo muere sino que vive muriendo. Adicionalmente el amor mata.“¿Cómo saben que la vida es grande? Eso no es más que una manera de hablar, agradable para cualquiera. Lo mismo podría sostenerse que es pequeña, que es insignificante, completamente desprovista de sentido: un insecto que puede aplastarse con la uña. Y que se puede aplastar con la uña sin que conciba siquiera la idea de protestar. ¿Por qué no habría de ser así? ¿Por qué defendería su existencia o cualquier otra cosa? ¿Por qué no habría de ser indiferente a todo?”
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